Un informe internacional encendió las alarmas sobre el impacto sanitario y ambiental de la producción mundial de café al revelar que más de la mitad de los pesticidas utilizados en los principales países productores están prohibidos en la Unión Europea por su peligrosidad. El estudio advierte sobre los riesgos que enfrentan tanto los trabajadores rurales como los ecosistemas.
La investigación, titulada «Veneno en tu café», fue elaborada por las organizaciones Coffee Watch, Inkota, Deutsche Umwelthilfe y la oficina británica de la Red de Acción contra los Pesticidas. El documento recopiló literatura científica, datos oficiales e investigaciones de campo realizadas en países como Brasil, Vietnam, Colombia, Kenia, México y Nicaragua.
Entre sus hallazgos más preocupantes, el informe identificó 159 ingredientes activos empleados en el cultivo del café, de los cuales el 60 % está catalogado como altamente peligroso y el 59 % está prohibido dentro de la Unión Europea. Además, detectó sustancias consideradas cancerígenas, neurotóxicas, tóxicas para la reproducción y disruptores endocrinos.
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Los autores también denunciaron un «doble rasero» regulatorio, al señalar que numerosos pesticidas vetados en países desarrollados continúan exportándose a naciones productoras con normativas más flexibles. Posteriormente, el café obtenido mediante esos productos vuelve a ingresar legalmente a los mercados internacionales.
El estudio sostiene que una de cada cinco tazas de café podría contener residuos de pesticidas. En el caso del AMPA, principal metabolito del glifosato, se detectaron restos en el 72 % de las muestras analizadas. Asimismo, advirtieron que los trabajadores agrícolas suelen manipular estos químicos sin equipos de protección adecuados, exponiéndose a intoxicaciones, afecciones respiratorias y un mayor riesgo de desarrollar enfermedades graves.
Frente a este escenario, las organizaciones impulsoras del informe reclamaron una transformación del modelo productivo basada en prácticas agroecológicas, el control biológico de plagas, el uso de árboles de sombra y un mayor respaldo técnico y financiero para los pequeños productores, con el objetivo de garantizar una caficultura más segura y sostenible.
Fuente: RFI.


