Científicos y agencias espaciales advierten que el aumento de misiones lunares obligará a definir zonas de impacto controlado para satélites fuera de servicio y así proteger áreas de alto valor científico e histórico.
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El crecimiento acelerado de la actividad espacial alrededor de la Luna encendió una nueva señal de alerta entre científicos y organismos internacionales. Investigadores advierten que, en las próximas décadas, determinadas regiones del satélite natural podrían convertirse en zonas destinadas a recibir el impacto de satélites y equipos fuera de servicio, una medida pensada para evitar daños en áreas de alto valor científico, histórico o cultural.
En los próximos 20 años, agencias espaciales y empresas privadas planean multiplicar las misiones lunares, con bases permanentes, experimentos científicos y proyectos de minería. Para sostener ese despliegue, se prevé el desarrollo de constelaciones de satélites dedicadas a comunicaciones y navegación, lo que incrementará de manera significativa el volumen de hardware en órbita lunar.
El principal desafío aparece cuando estos satélites llegan al final de su vida útil. A diferencia de la Tierra, la Luna no posee atmósfera, por lo que los dispositivos no pueden desintegrarse al reingresar. “Esos satélites tendrán que estrellarse en la Luna, por lo que potencialmente se convertirá en un vertedero de basura”, advirtió Fionagh Thomson, investigadora de la Universidad de Durham.
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Los científicos temen que impactos no controlados afecten instalaciones futuras, instrumentos sensibles o sitios históricos como las huellas de las misiones Apolo. Además, los choques —a velocidades cercanas a 1,9 kilómetros por segundo— podrían generar vibraciones, excavaciones de gran tamaño y nubes de polvo abrasivo capaces de dañar equipos científicos.
Frente a este escenario, organismos internacionales como Naciones Unidas y agencias espaciales europeas y estadounidenses trabajan en marcos regulatorios para una eliminación responsable de satélites lunares. Entre las alternativas analizadas figuran enviarlos a órbitas solares, reubicarlos en órbitas más alejadas o realizar impactos controlados en zonas específicas.
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La propuesta con mayor consenso es la creación de “cementerios lunares”: cráteres o regiones designadas donde los satélites puedan impactar de forma planificada, reduciendo la dispersión de restos y preservando otras áreas para la exploración científica. Incluso, algunos expertos señalan que estos impactos controlados podrían aportar datos valiosos sobre la estructura interna de la Luna.
Con más de 400 misiones lunares previstas para las próximas dos décadas, la gestión de los residuos espaciales se perfila como un desafío clave. La forma en que se resuelva este problema no solo marcará el futuro de la exploración lunar, sino también el legado que la humanidad deje en su vecino más cercano.
Fuente y foto: Infobae


