La historia comenzó cuando Candela, en lugar de pedir los regalos típicos de una niña, lanzó un desafío único a su abuelo: «Hazme un colectivo, uno de la 109».
Ante este desafío y movido por un profundo deseo de hacer feliz a su nieta, Jorge Ignacio se puso en marcha un proyecto que combinaba sus habilidades como mecánica y su experiencia como ex chofer de la línea 106.
Con una pasión palpable, Jorge se embarcó en la minuciosa tarea de crear un colectivo en miniatura con detalles auténticos tomados de los vehículos reales.
El resultado es asombroso: el mini colectivo cuenta con su propia marcha atrás, timbre para anunciar la bajada y una gama de detalles realistas que lo hacen parecer como si hubiera sido sacado directamente de las calles de Buenos Aires.
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Además de su destacada apariencia, el colectivo en miniatura muestra la dedicación de Jorge en cada rincón. Los carteles de «Tribunales», «Puerto Madero» y «Fuera de servicio» adornan su exterior, y su tanque de nafta le permite recorrer hasta 120 litros de emociones en cada viaje. Con capacidad para 7 pasajeros, el mini bus ha brindado a muchos la oportunidad de hacer su primer viaje en un colectivo, aunque en una versión reducida.

La presencia del colectivo en la plaza ha tenido un impacto profundo en la comunidad. Los niños se sienten atraídos por la maravilla mecánica, y no es raro ver a los amigos y compañeros de Jorge reuniéndose en torno al colectivo para admirar su obra maestra y disfrutar de paseos cortos.
«Todos mis compañeros me saludan, traen a sus chicos para que paseen. Los choferes sienten enorme cariño por el colectivo, así que muchos lloran de emoción cuando me ven circular por la plaza», compartió Ignacio con una sonrisa radiante.
Este testimonio de amor y dedicación no ha pasado desapercibido. El mini colectivo ha participado en eventos de vehículos sustentables en la Ciudad de Buenos Aires y ha sido parte de la inauguración del Monumento al Colectivo en Floresta. Aunque no está autorizado para circular en las calles, el colectivo en miniatura es un recordatorio con ruedas del amor y la conexión entre generaciones.
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La historia de Jorge Ignacio y su mini colectivo no es solo un tributo a la pasión por los vehículos y la ingeniería, sino también una prueba irrefutable de que el amor de un abuelo por su nieta puede inspirar actos de creatividad y bondad. que dejan huella en la comunidad y en los corazones de todos los que lo encuentran.


