El atentado se produjo durante la celebración del nacimiento del profeta Mahoma, una festividad ampliamente aceptada en Pakistán, aunque criticada por algunos por considerarla una innovación injustificada. La procesión, que partió de la mezquita de Medina y congregó a cientos de personas, se convirtió en el blanco de un ataque suicida en la carretera de Al Falah.
El ministro del Interior de Baluchistán, Zubair Jamali, informó que al menos 25 personas murieron y más de 80 resultaron heridas, con 20 de ellas en estado crítico. Sin embargo, el periódico Dawn ha reportado una cifra aún más alarmante de al menos 52 muertos en el ataque.
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Los atentados suicidas en Pakistán han sido un problema recurrente en los últimos años, y suelen afectar a celebraciones religiosas y grandes concentraciones de personas. En abril de 2006, un ataque similar durante una reunión de musulmanes sunitas en la ciudad de Karachi dejó al menos 50 muertos.
El gobierno paquistaní ha condenado el ataque y prometió tomar medidas para garantizar la seguridad en futuros eventos religiosos y festividades. La comunidad internacional también ha expresado su repudio ante este acto de violencia y ha ofrecido su apoyo a las víctimas ya Pakistán en la lucha contra el terrorismo.


