La presión por alcanzar los estándares de belleza promovidos en Instagram y TikTok ha aumentado las consultas y procedimientos estéticos, especialmente entre mujeres jóvenes, lo que ha generado preocupación por la distorsión de la autoimagen.
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Las redes sociales han redefinido los estándares de belleza, estableciendo parámetros ideales que muchas personas intentan alcanzar en la vida real. Esta tendencia, marcada por la omnipresencia de imágenes editadas y filtros en plataformas como Instagram y TikTok, ha generado un notable aumento en las consultas y procedimientos de cirugías estéticas en Argentina, especialmente entre las mujeres jóvenes que buscan reflejar en sus rostros y cuerpos la perfección que ven a través de sus pantallas.
El cirujano plástico Luciano Catterino, miembro de la Sociedad Argentina de Cirugía Plástica, indicó en una entrevista con MDZ que la consulta por procedimientos estéticos ha crecido considerablemente. «Las redes sociales han aumentado la consulta de las pacientes por verse con determinados estándares de belleza cada vez más requeridos», explicó Catterino. Este fenómeno es más evidente en mujeres de entre 20 y 30 años, quienes, influenciadas por los filtros de las redes, buscan tratamientos que imiten los efectos de estos en sus fotografías.
En términos de cifras, Argentina se encuentra entre los diez países con mayor número de procedimientos estéticos realizados, según la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética (ISAPS). En 2022, se realizaron más de un millón de procedimientos, de los cuales 461.589 fueron quirúrgicos y 554.929 no quirúrgicos. Entre las intervenciones más solicitadas destacan el aumento mamario y la liposucción.
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El tipo de cirugía también está siendo influenciado por las redes sociales. Catterino señala que las pacientes buscan, en su mayoría, procedimientos faciales anti-edad, como el láser Endolift y la aplicación de toxina botulínica para las arrugas de expresión, mientras que, para el cuerpo, la lipoaspiración y los tratamientos reductores con Endolaser están en auge.
El fenómeno de los filtros no solo ha alterado las expectativas estéticas de las personas, sino que también ha traído consigo problemas como la dismorfofobia, una distorsión de la autoimagen. Esta condición se refleja en personas que no aceptan su apariencia y buscan cambiarla constantemente, recurriendo incluso a filtros para modificarla. Catterino subrayó la importancia de que los profesionales sepan decir «no» cuando las expectativas de los pacientes no son realistas y trabajar siempre por un resultado natural y armónico.
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El cirujano también destacó que, al tratar con pacientes que llegan con imágenes editadas por filtros de redes sociales, es crucial explicarles que cada cuerpo es único y que los procedimientos deben respetar la fisonomía individual. «La clave está en la formación y experiencia del profesional, quien debe garantizar un resultado natural y armónico sin ceder ante presiones o tendencias pasajeras», comentó.
Desde el punto de vista psicológico, Catterino resaltó que la autoestima juega un papel fundamental en la decisión de someterse a un tratamiento estético. Si bien sentirse bien con la propia imagen puede mejorar el bienestar general, es esencial que los pacientes comprendan los límites de la cirugía y los tratamientos no invasivos. «Un profesional responsable orienta y recomienda intervenciones basadas en las necesidades reales del paciente, sin alimentar expectativas irreales», reflexionó.
Fuente: Mdz
Foto: Archivo


