Tras más de 25 años de acceso público, la familia Ferro, propietaria de los campos, decidió cerrar con candado los caminos que conducen a los miradores de la pingüinera y de Boca de la Caleta, dos sitios emblemáticos de Península Valdés y de alto valor turístico y ambiental.
La medida generó un fuerte rechazo en el sector turístico. El presidente de la Asociación de Agencias de Viajes y Turismo Península Valdés, Santiago Sussanich, sostuvo que “no creo que sea una decisión acertada” y la calificó como “arbitraria y caprichosa”, al tratarse de espacios utilizados de manera pública durante más de dos décadas.
Según explicó el referente, desde hace varios meses se venían desarrollando mesas de diálogo con el Ministerio de Turismo y la administración del área protegida para alcanzar un acuerdo. “Se pidió un montón de cosas, se le dio respuesta a todo, menos a una cifra exorbitante de dinero que pedían por el simple acceso a un lugar que hace 25 años es de uso público”, remarcó.
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Sussanich cuestionó el argumento del cierre y afirmó: “Durante 25 años no usás un lugar sin autorización. Ahora vienen con que tenés que pagar para poder pasar por ahí”. Al conocer la decisión, aseguró que “es muy mala la noticia” para el destino turístico.
Los accesos clausurados corresponden a dos puntos clave: un mirador de la Caleta, muy utilizado por visitantes que realizan vigilias para observar los ataques de orcas, un fenómeno único en el mundo, y una pequeña pingüinera, alternativa para quienes no pueden trasladarse hasta Punta Tombo.
Finalmente, Sussanich diferenció esta situación de otros emprendimientos privados que cuentan con inversión y planes de manejo, y sostuvo que el trasfondo del conflicto “es económico y una demostración de poder”, advirtiendo el impacto negativo que la medida tendrá sobre turistas, agencias de viajes y la imagen de Península Valdés.




