Durante el invierno, las plantas del jardín cambian su comportamiento: entran en un período de reposo en el que su crecimiento se ralentiza, y por eso sus necesidades de agua también disminuyen. Regarlas como si fuera verano puede perjudicar su salud, provocando desde hongos hasta la pudrición de las raíces.
Según expertos en jardinería, el riego debe hacerse solo una o dos veces por semana y siempre durante las horas más templadas del día, entre las 10 y las 15 hs. La humedad ambiental y las bajas temperaturas hacen que el suelo conserve la humedad durante más tiempo, por lo que es fundamental no saturarlo.
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Antes de regar, es clave revisar la humedad de la tierra con los dedos. Si está húmeda, no hace falta agregar agua. También se recomienda evitar mojar las hojas, especialmente en zonas donde pueden ocurrir heladas. El exceso de agua, en esta época, es uno de los errores más comunes que puede poner en riesgo a las plantas.
Otro consejo importante es reducir la cantidad de agua usada. En invierno, basta con un riego superficial y menos abundante que en verano. Además, si hay lluvias frecuentes o niebla, el riego debe espaciarse aún más. Cada planta es distinta, y conocer sus características es clave: las especies tropicales o de interior suelen requerir más atención que las de jardín resistentes al frío.
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En resumen, durante el invierno, menos es más cuando se trata de riego. Adaptarse a las nuevas condiciones climáticas y a los ritmos de las plantas puede marcar la diferencia entre un jardín saludable o uno deteriorado. Prestar atención al suelo y al clima es la mejor guía para saber cuándo y cuánto regar.
Fuente: TyC Sports.


