Ruidos constantes pueden afectar el corazón, el cerebro y la salud mental, no solo los oídos.
La contaminación acústica va más allá de la pérdida de audición. La exposición continua a ruidos fuertes y repetidos puede generar graves consecuencias para la salud, afectando no solo el sistema auditivo, sino también el cardiovascular, el sueño y la salud mental. Desde el canto de un mirlo hasta el rugido de un tren, los sonidos son vibraciones que pueden alterar nuestro cuerpo de manera invisible.
El oído humano interpreta las vibraciones del sonido, pero cuando estos son demasiado intensos o frecuentes, pueden dañar las células auditivas, provocando pérdida de audición. Sin embargo, los efectos nocivos no terminan ahí. La exposición constante al ruido activa respuestas fisiológicas de estrés, que aumentan la frecuencia cardíaca y liberan hormonas del estrés, afectando la salud del corazón.
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El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo de Estados Unidos señala que ruidos superiores a 85 decibelios (dBA) —como los generados por cortadoras de césped o aspiradoras— pueden ser peligrosos si la exposición es prolongada. El límite legal en España es de 87 dBA, y se permite un pico de hasta 140 dBA, un nivel comparable al de una explosión. A medida que el volumen sube, el tiempo de exposición debe reducirse. A partir de 100 dBA, como los de una obra, la exposición no debe exceder los 15 minutos sin protección.
El ruido constante afecta también al sueño, fragmentando su estructura e interrumpiendo las fases más reparadoras. Según Chandra Jackson, investigadora de los Institutos Nacionales de la Salud, la interrupción del sueño se asocia a problemas metabólicos, obesidad, hipertensión y enfermedades cardiovasculares. Los sonidos, incluso en niveles bajos (30-40 dB), pueden alterar el descanso, mientras que aquellos superiores a 40 dB tienen efectos más notables.
Además, la contaminación acústica tiene un impacto psicológico, sobre todo en personas que sienten que no pueden escapar del ruido, lo que aumenta la ansiedad y la depresión. Los estudios sugieren que las comunidades con menor nivel socioeconómico y con mayor población no blanca son más propensas a sufrir los efectos del ruido, destacando la desigualdad en la distribución del ruido.
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Para reducir los impactos de la contaminación acústica, los expertos recomiendan el uso de tapones para los oídos y auriculares con cancelación de ruido, que también pueden ayudar a disminuir los efectos psicológicos de no tener control sobre el entorno. Además, el uso de ruido blanco durante la noche puede ser eficaz para enmascarar otros sonidos que alteren el sueño.
La lucha contra la contaminación acústica debe enfocarse también en la planificación urbana y en la modificación de fuentes de ruido, pero esto requiere un cambio en el enfoque y la conciencia de los efectos que el ruido tiene sobre la salud.
Fuente: National Geographic.


