La normativa otorga a los criadores un plazo de tres años, hasta febrero de 2027, para cerrar sus granjas. Sin embargo, muchos granjeros denuncian que el gobierno no ha ofrecido un plan claro para el destino de los cerca de 500.000 perros que aún viven en cautiverio.
Joo Yeong-bong, reverendo y presidente de la Asociación Coreana de Perros Comestibles, afirma que “la gente está sufriendo. Estamos ahogados en deudas, no podemos pagarlas, y algunos ni siquiera pueden encontrar un nuevo trabajo”. A mitad del período de gracia, cientos de criadores se ven atrapados con animales que no pueden vender ni reubicar.
Chan-woo, un criador de 33 años que pidió anonimato, teme las consecuencias legales. “Tengo 600 perros y no hay manera de colocarlos antes de 2027. He invertido todos mis activos y nadie quiere hacerse cargo de los animales”, lamenta. Además, los refugios están saturados y muchos perros, considerados potencialmente peligrosos, no son adoptables.
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La ley, impulsada por el gobierno del presidente Yoon Suk-yeol, fue celebrada por defensores de los derechos animales, pero incluso ellos reconocen problemas serios en su implementación. “Sobrarán perros. Y si se convierten en animales abandonados, serán sacrificados”, admitió Cho Hee-kyung, de la Asociación Coreana de Bienestar Animal.
El Ministerio de Agricultura anunció que invertirá 6 mil millones de wones anuales para ampliar refugios y ofrecerá compensaciones a quienes cierren antes de plazo. Aun así, el rescate de medio millón de perros se considera inviable. “Ni siquiera los activistas pueden absorber tal volumen. El plan del gobierno es deficiente”, denunció Chun Myung-Sun, de la Universidad Nacional de Seúl.
La mayoría de los perros criados para carne son razas grandes como el tosa-inu, asociadas a estigmas sociales y requerimientos legales para su tenencia. Esto complica aún más las adopciones en una sociedad urbanizada, donde la preferencia son razas pequeñas y la sensibilidad hacia el bienestar animal ha crecido notablemente en la última década.
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Algunos grupos han logrado reubicar animales en países como Canadá o Estados Unidos. Yang Jong-tae, ex granjero, relató su experiencia conmovido: “Los activistas trataron a los perros con una compasión que nunca imaginé. Nosotros los criábamos solo para ganarnos la vida”.
A medida que avanza el plazo, el temor crece entre los criadores, sobre todo los más jóvenes. “Estamos estancados, sin salida ni retorno”, resume Chan-woo. El reverendo Joo concluye con preocupación: “Para 2027, si no hay un cambio, algo terrible ocurrirá. Hay muchas vidas que se han desmoronado por completo”.
Fuente: BBC.


