La grave crisis energética cubana alcanza un nuevo pico este viernes con cortes simultáneos en más de la mitad del territorio, agravando el impacto económico y social.
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Cuba vivirá este viernes una jornada marcada por apagones simultáneos que afectarán hasta el 58% del país, la tasa más alta registrada en los últimos tres años, según informó la empresa estatal Unión Eléctrica (UNE). La cifra supera los registros previos de febrero y septiembre de 2025, cuando los cortes alcanzaron al 57% del territorio nacional.
El déficit en la generación eléctrica, que supera el 50%, ha llevado a cortes prolongados que superan las 20 horas diarias en varias provincias. Incluso en La Habana, preservada hasta hace poco, los apagones pueden llegar a las 10 horas diarias.
Actualmente, diez de las 16 unidades termoeléctricas del país están fuera de servicio por averías o mantenimiento, mientras que 66 motores de generación distribuida permanecen paralizados por falta de combustible y casi 20 más por déficit de lubricantes. Estas fallas reflejan décadas de infrafinanciación crónica del sistema eléctrico cubano, que según expertos, requiere una inversión estimada entre 8.000 y 10.000 millones de dólares.
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El Gobierno cubano atribuye la crisis a las sanciones estadounidenses que considera una “asfixia energética”, mientras que analistas independientes subrayan el deterioro estructural del sector desde hace décadas. La falta de divisas impide importar combustibles esenciales como diésel y fueloil, exacerbando los problemas.
La crisis energética no solo tiene un impacto directo en la vida cotidiana, sino también en la economía nacional, que registró una caída acumulada del 11% en los últimos cinco años. En 2024, el Producto Interno Bruto (PIB) se contrajo un 1,1% y la CEPAL proyecta un nuevo retroceso para este año.
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Los apagones son también un factor clave de descontento social, alimentando protestas y reclamos ciudadanos, como las masivas manifestaciones de julio de 2021 y las recientes concentraciones en La Habana y Gibara.
La situación energética cubana se perfila como uno de los principales desafíos políticos y económicos del país, con consecuencias profundas para la población y para el futuro del modelo energético estatal.


