Aunque poco conocida en Buenos Aires, esta fruta originaria de los Andes es rica en antioxidantes, aporta múltiples vitaminas y ayuda a prevenir enfermedades neurodegenerativas.
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La chirimoya, también llamada “manjar blanco” por su sabor dulce y su textura cremosa, comienza a posicionarse como una de las frutas más saludables del continente. Aunque su aspecto genera dudas, especialmente por su piel escamosa y sus grandes semillas negras, se trata de un alimento con propiedades altamente beneficiosas para la salud del cerebro, la piel y el sistema nervioso.
Originaria de la Cordillera de los Andes y cultivada tradicionalmente en países como Perú, Ecuador, Colombia y Chile, la chirimoya comienza a aparecer tímidamente en verdulerías de Buenos Aires, donde su presencia aún es escasa. Sin embargo, su potencial nutricional ha despertado un creciente interés entre quienes buscan opciones naturales para mejorar su calidad de vida.
La fruta es rica en antioxidantes, lo que la convierte en una aliada clave contra el envejecimiento celular y las enfermedades neurodegenerativas. Contiene vitamina B1, ideal para metabolizar carbohidratos y prevenir insuficiencias cardíacas, así como vitamina B2, esencial para la producción de glóbulos rojos. Su alto contenido de magnesio estimula la producción de dopamina, lo que podría ejercer un efecto antidepresivo al mejorar el ánimo y la motivación.
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Consumirla es más sencillo de lo que parece: basta con cortarla por la mitad, retirar las semillas —que son tóxicas y no deben ingerirse— y aprovechar su pulpa para comerla directamente o preparar jugos y batidos. Quienes la prueban destacan su sabor entre la piña, la banana y la vainilla, con una textura que recuerda a la crema. Además, su alto contenido de fibra genera saciedad y su aporte de potasio ayuda a regular la presión arterial.
La chirimoya contiene hasta un 80% de agua, flavonoides anticancerígenos y extractos de hoja que se están estudiando por su potencial para combatir tumores de piel, como el melanoma maligno. Para identificar si está madura, su piel debe estar ligeramente blanda al tacto y presentar un tono verde claro o amarillento.
Con un origen humilde y propiedades extraordinarias, esta fruta andina está conquistando nuevos mercados y podría convertirse en la próxima gran tendencia de la alimentación saludable.
Fuente: TN
Foto: Paulina Cocina


