La psicóloga Aimé Ortega (M.P. 1617) habló en Radio 3 sobre el vínculo terapéutico, el creciente reconocimiento de la salud mental, los motivos de consulta más frecuentes y los riesgos de reemplazar la atención profesional por inteligencia artificial.
En el marco del Día del Psicólogo, que se celebra hoy en todo el país, la psicóloga Aimé Ortega (M.P. 1617) dialogó con Radio 3 sobre su recorrido profesional, el alcance de la disciplina y los cambios en la forma en que la sociedad percibe la salud mental.
Ortega contó que su acercamiento a la carrera fue particular. Estudiaba teatro en Buenos Aires cuando la pandemia le impidió continuar, y entonces decidió iniciar la carrera que siempre le había llamado la atención. Comenzó a cursar psicología en plena pandemia, en la Universidad Abierta Interamericana de Buenos Aires.
Según explicó, muchos colegas comparten ese pasado artístico, algo que atribuyó al contacto cercano con las emociones y las reacciones que implican ambos caminos. “Quería encontrar algo que sea también nutritivo para mí, para la vida”, afirmó.
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Más allá del consultorio
La profesional señaló que existen prejuicios sobre la tarea del psicólogo, como pensar que solo consiste en escuchar o en dar consejos. Aclaró que la formación incluye el estudio de distintas patologías y que el rol es el de guía y acompañamiento hacia la temática que cada persona quiere abordar.
Además, indicó que la psicología tiene numerosas ramas. Mencionó que su universidad pone mucho énfasis en la investigación y que, aunque la figura del psicólogo clínico es la más conocida, la disciplina abarca muchas otras áreas.
El vínculo, lo primordial
Consultada sobre cómo se construye la confianza con un paciente, Ortega afirmó que lo más importante es el vínculo terapéutico. “Hay un psicólogo para cada persona”, sostuvo, y recordó que muchas personas llegan con malas experiencias previas o con ideas erróneas sobre la terapia.
Ortega, que también atiende niños, explicó que con ellos el trabajo se hace mediante el juego, mientras que con los adultos la herramienta es la palabra. En ambos casos, remarcó, es fundamental que la persona se sienta cómoda para abordar temas delicados, con paciencia y amabilidad por parte del profesional.
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Un proceso con altibajos
Sobre el alivio que sienten los pacientes, la psicóloga explicó que suele notarse al comienzo, pero que después pueden aparecer momentos incómodos e incluso enojo hacia la terapia, algo que consideró parte normal del tratamiento. “El proceso no es lineal”, subrayó, y comparó la experiencia con una montaña rusa. Con el paso del tiempo, agregó, es valioso repasar junto al paciente lo que se fue logrando.
También se refirió a las sesiones en las que el paciente habla poco o nada. Señaló que esos momentos forman parte del tratamiento y que el profesional «trabaja siempre con lo que la persona trae». Ortega trabaja con terapia cognitivo-conductual, que ofrece herramientas para que el paciente continúe el trabajo también fuera de la hora de sesión.
Mayor conciencia, acceso limitado
Ortega valoró que hoy exista mayor conciencia social sobre la salud mental y destacó que figuras públicas hablen abiertamente del tema, lo que ayuda a romper el tabú, especialmente entre los varones, a quienes les cuesta más acudir a sesiones.
Sin embargo, advirtió que el acceso sigue siendo limitado y que no todas las personas pueden llegar a un tratamiento. Insistió en que no es necesario atravesar un momento grave para empezar terapia y cuestionó la idea de que sea “solo para locos”: puede servir de acompañamiento en situaciones complejas que atraviesan todas las personas.
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Ansiedad y sobrecarga laboral
Respecto de las consultas más frecuentes, indicó que ve muchos casos en adultos vinculados al trabajo, con sobrecarga laboral que puede derivar en conflictos. Señaló que la ansiedad, tanto en adolescentes como en adultos, es el motivo más habitual, aunque también atiende cuadros de depresión relacionados con el ámbito laboral.
Cuándo consultar
Para identificar el momento de pedir ayuda, Ortega explicó que el cuerpo avisa: dolores de cabeza, taquicardia, dolores de pecho, picazones y otros síntomas sin causa médica aparente pueden vincularse con el estrés. Recomendó realizar primero un chequeo médico para descartar otras patologías. Aconsejó, además, consultar antes de llegar a ese punto, cuando algo comienza a afectar la vida cotidiana, ya sea en lo laboral o en los vínculos, o simplemente para mejorar la forma de reaccionar ante ciertas situaciones.
Inteligencia artificial: acompañamiento, no reemplazo
Consultada sobre quienes recurren a herramientas de inteligencia artificial para buscar contención emocional, la psicóloga contó que el tema aparece seguido en su consultorio, en pacientes que antes no tenían la posibilidad de iniciar un tratamiento. Reconoció que puede ser una forma de compañía, comparable a la de los amigos, pero aclaró que no es profesional y que no reemplaza a quien cuenta con las herramientas adecuadas para cada problemática.
Advirtió además sobre el riesgo de generar dependencia, ya que la consulta constante puede volverse adictiva, a diferencia de la sesión con un psicólogo, que tiene un tiempo determinado. “Hay que tener mucho cuidado”, concluyó.


