Cada tercer sábado de mayo se celebra esta icónica bebida. Expertos revelan por qué el vaso adecuado puede transformar por completo la experiencia de tomar whisky.
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Este sábado se celebra el Día Mundial del Whisky, una fecha ideal para rendir homenaje a uno de los destilados más nobles del mundo. Lejos de ser un detalle menor, el vaso en el que se sirve puede cambiar radicalmente la experiencia sensorial del whisky. La elección no es caprichosa: depende del tipo de whisky, del modo en que se lo bebe —puro, con hielo, en cóctel o con soda—, y hasta del momento de consumo.
Aunque el vaso bajo y robusto siga siendo el ícono del imaginario colectivo, hoy existe una amplia variedad de vasos de whisky pensados para distintas funciones. Los especialistas los agrupan en tres grandes tipos: los bajos de boca ancha para disfrutarlo puro o con hielo (como el clásico Tumbler), los de tulipa para potenciar los aromas (como el Glencairn o el Neat), y los altos para tragos largos (como el Highball).
El Tumbler, también conocido como Old Fashioned o Lowball, es ideal para bourbons, scotchs jóvenes y para preparar cócteles clásicos como el Negroni. Una versión de autor es el vaso Mareado, diseño argentino que ganó el Premio Innovar y se exhibe en el Museo de Arte Moderno. El Glencairn, en cambio, fue desarrollado en Escocia exclusivamente para la cata: su forma concentra aromas y evita que el calor de la mano afecte el líquido.
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Otra opción es el vaso Neat, creado por accidente, que por su geometría particular aleja los vapores de alcohol de la nariz y desbloquea aromas rápidamente. Y para los que prefieren combinar el whisky con gaseosas o tónica, el vaso ideal es el Highball, un recipiente alto que acompaña tragos refrescantes. También sobresale el vaso Norlan, con doble pared de cristal y diseño ergonómico, pensado para elevar la experiencia del whisky al máximo nivel.
Además del formato, el material también importa: se recomienda vidrio para el uso frecuente y cristal para ocasiones especiales. Las piezas vintage pueden contener plomo y deben evitarse. El mercado ofrece desde copas accesibles hasta cristalería de diseño que se vende como obra de arte.
El whisky es mucho más que una bebida: es un ritual, y como tal, merece el recipiente adecuado.
Fuente: Clarín
Foto: La Trocha Digital