POR ERREHACHE
Apagar los incendios de la Cordillera y dar con los delincuentes que lo provocaron, las prioridades. El cambio de planes de Santilli a pedido de Torres: llegó a buscar votos, pero se llevó compromisos. Un sobreviviente de 2.600 años.
El Abuelo mira desde lejos. En silencio. Como lo hizo en los últimos 2.600 años. Pero con ese silencio, tendría muchas cosas que decir. Sin embargo, calla. Pero sigue mirando y teme. El Abuelo es el Alerce Milenario, amenazado por el fuego implacable que está destruyendo a todo el bosque que durante más de dos siglos acompañó su majestuosidad. No estuvo en vano creciendo entre las hojas amarillas del otoño y el renacer florido de la primavera. Se hizo amigo del viento que en su último y atronador respiro despejó las llamas y llevó el fuego hacia otros rincones para que el Abuelo pueda seguir respirando tranquilo y continuar envejeciendo. Aún con el dolor de ver un entorno enrojecido que, aunque no le queme las ramas, le quema el alma.
Bien podría tratarse de una fábula de las tantas que se crearon alrededor del fuego, pero está demasiado lejos de serlo porque la realidad golpea con tanta saña a la cordillera chubutense que no hay tiempo para detenerse en las palabras. Son los hechos los que imponen decisiones urgentes, medidas imprescindibles y la acción inmediata de la justicia para ponerle fin a tanta locura, a tanta maldad.
El Abuelo fue un sobreviviente de ese rincón patagónico llamado Parque Nacional Los Alerces declarado en 2017 Patrimonio Mundial por la Unesco y que estuvo a punto de ser devorado por una devastadora lluvia convertida en hoguera implacable.
UN MINISTRO EN LA CORDILLERA. El fuego que hoy está destruyendo los bosques cordilleranos no se inició por algún efecto de la naturaleza, sino que fue el accionar de delincuentes que deben ser identificados con urgencia y comenzar a pagar lo que destruyeron. Sabe el gobernador Ignacio Torres que no hay tiempo para otra cosa que no sea intentar terminar cuanto antes con este desastre ecológico.
Tanto lo sabe que irrumpió en la agenda presidencial enfocada en reformas que garanticen el andar de sus planes de gobierno y desvió el avión que trajo al ministro del Interior Diego Santilli a la zona del desastre. Torres sabe que los incendios fueron intencionales y en su fuero más íntimo también sabe de qué lado se gestaron. Pero con prudencia deja que la justicia actúe sin presiones porque no hay margen para la equivocación. Sindicó a grupos que se autoperciben de una determinada manera para dar rienda suelta a sus objetivos de maldad.
Por eso, aprovechó la breve estadía de uno de los principales integrantes del gabinete nacional para pedirle la colaboración necesaria, primero para que las llamas dejen de castigar el bosque patagónico y destruir las esperanzas de la gente y después, colaborar para encontrar a los responsables y que tengan el castigo que se merecen.
“Torres le pidió a Santilli que el ecocidio sea incorporado al Código Penal con las penas más altas que el mismo código permita”, confió una fuente del gobierno a esta columna. El concepto de ecocidio no es nuevo, pero desde 2021 tiene una definición jurídica. En concreto, «cualquier acto ilícito o arbitrario perpetrado a sabiendas de que existen grandes probabilidades de que cause daños graves, extensos o duraderos al medio ambiente». Esta oración de 30 palabras podría cambiar para siempre la historia jurídica en cuanto a los daños ambientales provocados adrede por la mano del hombre.
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“TIENEN QUE ESTAR PRESOS”. «Es difícil entender las cabezas de estas gentes que son marginales», consideró el gobernador Torres y si bien identificó que se trata de «los mismos delirios revolucionarios del año pasado, no puedo asegurar que sean las mismas personas». Y dijo que se trata de «un grupo minúsculo pero peligroso» y apuntó: «Son grupos violentos que se embanderan en falsas banderas originarias para cometer delitos, tomar tierras de manera ilegal, no quieren turismo y son personajes que no queremos en la provincia, son delincuentes y tienen que estar presos».
Se supo además que hubo amenazas previas con llamadas a las brigadas que hoy sin descanso tratan de detener las lenguas de fuego que se están llevando bosques y casas, proyectos e ilusiones de la gente. Son y serán días difíciles. Ya no depende tanto del esfuerzo descomunal de la gente comprometida sino de la naturaleza que debe tender una mano desde el cielo para que una lluvia salvadora termine con esta desgracia.
Santilli también entendió esta situación límite y mutó la agenda acompañando al gobernador en el anuncio de una recompensa de 50 millones de pesos para quien pueda dar datos fehacientes sobre los delincuentes que iniciaron este desastre. Días antes se había anunciado que el ministro iniciaba en Chubut una gira (que comprende, en total, unas 10 provincias) tratando de lograr convencer a Torres de que sus diputados y senadores acompañen con un voto positivo los proyectos de Modernización Laboral y la Reforma Tributaria. Chubut iba a ser la primera escala de esas conversaciones y tal vez se convierta en la última.
LOS IMPRESENTABLES. Es que la realidad no da margen para el tratamiento de temas políticos. Lo que importa en estos tiempos es otra cosa. Es lo que hasta con incredulidad estamos viendo los chubutenses.
Pero nunca falta algún o algunos desorientados que aún en la desgracia buscan obtener un rédito político sin saber que quizá estén clavando el último clavo, metáfora utilizada con asiduidad en los últimos tiempos y sobre la que no hace falta dar mayores detalles.
En su cuenta de X, el diputado nacional libertario César Treffinger posteó un extenso descargo sobre el rol de Nación y las responsabilidades de la provincia ante los incendios e incluyó una referencia que fue rápidamente cuestionada por autoridades locales y referentes políticos, quienes le reprocharon desconocer la geografía de la provincia que representa en el Congreso.
En su publicación, Treffinger expresó que el Gobierno nacional había desplegado recursos para combatir el incendio y señaló textualmente que se trataba de un foco ígneo ocurrido en “Puerto Patriada (localidad muy cercana a la de El Hoyo)”. Puerto Patriada no es una localidad es parte de El Hoyo. Triste. Lamentable.
Por su parte el diputado nacional Juan Pablo Luque quien se hizo presente en la zona del desastre muchos días después que el fuego comience a ser implacable se encargó de difundir mediáticamente que “es muy triste lo que se está viviendo en nuestra cordillera. En El Hoyo y Epuyén se está viviendo lo mismo”, agregó. Luque destacó la solidaridad del pueblo de Chubut, que se está organizando para llegar con ayuda, pero enfatizó que “se necesitan medidas urgentes para atender la situación que lamentablemente se repite todos los años en la provincia”. El diputado nacional pidió a las autoridades provinciales que “tomen acciones concretas para prevenir y combatir los incendios forestales en la región”. Un poco tarde. Si la provincia hubiera esperado por Luque estaríamos hablando de otra cosa.
Sería un gesto altruista que en lugar de intentar llevar agua para su molino ambos legisladores lleven agua para apagar el fuego y terminar con los incendios.
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NADA SE PIERDE. Eugenia Rolón, pareja de Iñaki Gutiérrez —referente del esquema comunicacional del Gobierno y cercano al presidente Javier Milei— chocó contra un poste en la zona de Mar de Ajó y dio positivo en un control de alcoholemia, con un resultado de 1,89 gramos de alcohol en sangre. El hecho ocurrió durante un control realizado por la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Tras constatar el nivel de alcohol en sangre, los efectivos procedieron al secuestro del vehículo, tal como establece la normativa vigente. Rolón no pudo continuar conduciendo y debió ser retirada del lugar por su pareja, quien se presentó posteriormente en la comisaría. (Hecho ocurrido el lunes en el balneario de la Provincia de Buenos Aires).
FRASES EN EL RECUERDO. «A los que quieren provocar incendios, acá tienen una brigadista» (Expresidenta Cristina Kirchner, a fines de 2012. Fueron sus palabras en la presentación de la compra de 26 aviones hidrantes para combatir incendios forestales. Aclaró entonces que se invertirían 57 millones de pesos. Nunca se compró ni uno solo. Más aún, ni siquiera se llegó al proceso licitatorio.


