Un estudio publicado en la revista Science analizó restos óseos de momias incas halladas en el norte de Chile y logró establecer el vínculo genético más sólido hasta ahora entre la viruela europea y las cepas que devastaron a las poblaciones americanas.
Un equipo internacional de investigadores encontró en momias incas de Caleta Camarones, al norte de Chile, la evidencia genética más firme hasta el momento de que la viruela llegó al continente americano a partir de la colonización europea. El hallazgo fue publicado este jueves en la revista Science y aporta un vínculo molecular directo entre el virus tal como circulaba en Europa y las cepas que luego afectaron a las poblaciones nativas de América.
El equipo analizó 13 muestras óseas provenientes de un yacimiento arqueológico, entre las que se hallaron evidencias de dos infecciones de viruela en restos de un hombre y una mujer adultos, de entre 18 y 35 años. Según la datación realizada, ambos habrían muerto entre 1492 y 1631, probablemente a causa de la enfermedad. La coautora Constanza de la Fuente, antropóloga biológica de la Universidad de Chile, explicó que los cuerpos se momificaron de forma natural y fueron hallados envueltos en fardos de lana de camélido, junto a distintos ajuares funerarios.
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Al comparar el material genético con otras cepas conocidas, los científicos lograron ubicar a esta variante entre las cepas europeas medievales y las versiones posteriores del virus, lo que sugiere que las cepas que llegaron a América tuvieron su origen en Europa. Aún resta determinar qué población europea trajo específicamente la enfermedad, aunque los investigadores señalaron que el primer brote documentado en el continente se registró en 1518 en La Española, actual Haití y República Dominicana. En el caso de las momias chilenas, halladas en una zona sin registros previos del virus, los científicos plantean que la enfermedad pudo haberse propagado a través de redes comerciales indígenas.
El genetista Bruno Romero, autor principal del estudio, señaló que los hallazgos permiten observar cómo la colonización y los cambios demográficos moldearon la evolución de una de las enfermedades más devastadoras de la historia, y remarcó el potencial del ADN antiguo para revelar aspectos de la historia de las epidemias que no surgen únicamente de los registros escritos.
Con información de DW.


