Imagen: Timo Dersch/picture alliance
Un oceanógrafo de la Universidad de Pensilvania encontró señales que parecían propagarse a 3.000 m/s, el doble de la velocidad habitual del sonido en el agua. La explicación conecta la acústica submarina con la relatividad especial.
John Spiesberger, investigador visitante de la Universidad de Pensilvania, trabajaba en un programa para calcular la velocidad del sonido bajo el agua cuando los números dejaron de tener sentido. Primero obtuvo 1.000 metros por segundo, muy por debajo de los 1.500 m/s habituales en el agua de mar. Luego, los valores llegaron a 3.000 m/s. «Inmediatamente pensé que había un error en mi programa», reconoció el oceanógrafo.
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No había ningún error. La explicación estaba en el recorrido del sonido. Cuando una ballena canta cerca de la superficie, el sonido puede llegar al hidrófono por dos caminos distintos: uno directo y otro reflejado en la superficie del agua. Al superponerse, ambas ondas generan lo que los físicos llaman «interferencia temporal», un efecto que no acelera realmente el sonido pero puede hacer que la señal parezca propagarse a velocidad supersónica. «El efecto parece una violación de las leyes de la física, pero no lo es», aclaró Spiesberger.
El trabajo, firmado junto al Dr. Eugene Terray del Instituto Oceanográfico de Woods Hole y publicado en Physical Review E, ofrece una descripción matemática de cómo la interferencia temporal puede hacer que la posición del pico de energía aparente desplazarse a velocidad supersónica. El siguiente paso es recrear el efecto en tierra usando una superficie dura como reflector, y luego replicarlo con luz mediante un experimento con láseres.
Con información de DW.


