Vlado Taneski era un periodista reconocido en Kicevo, una ciudad de Macedonia, por su cobertura de crímenes violentos. Entre 2004 y 2008, sus artículos detallaban con precisión macabra los hallazgos de cuerpos descuartizados y abusados. Pero detrás del cronista obsesionado por el caso, se escondía un asesino serial: el propio Taneski era el responsable de los crímenes que relataba.
La primera víctima fue Mitra Simjanoska, de 64 años, quien desapareció de su casa en 2004 y fue hallada dos meses después con signos de tortura y estrangulamiento. En los años siguientes, aparecieron otras dos mujeres asesinadas con el mismo modus operandi: atadas, violadas, golpeadas y estranguladas con un cable telefónico. Todas eran empleadas domésticas y vivían solas. Taneski cubría cada caso con detalles que la policía jamás había revelado.
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Fue esa precisión la que despertó sospechas en los investigadores. El periodista conocía la posición exacta de los cuerpos y el tipo de cable utilizado, información que nunca se había hecho pública. A partir de un rastro de sangre hallado en una de las víctimas, se realizó una prueba de ADN y Taneski fue arrestado. En su casa, encontraron objetos personales de las mujeres asesinadas, material pornográfico sadomasoquista y sogas similares a las usadas en los crímenes.
El periodista fue imputado por los homicidios y trasladado a una celda en Skopie. Pero tres días después, fue hallado muerto, con la cabeza sumergida en un balde de agua. La policía informó que se había suicidado, aunque algunos sectores cuestionaron esa versión. Tras su muerte, también surgieron sospechas sobre la desaparición de su madre en 2003, cuyo paradero nunca fue esclarecido.
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El caso de Vlado Taneski conmocionó a Macedonia y al mundo. No solo se trató de un asesino serial meticuloso, sino de un profesional que usó su trabajo para manipular la opinión pública y alimentar su ego homicida, convirtiendo la tragedia en espectáculo.
Fuente: TN.


