Un atacante suicida detonó un chaleco explosivo durante la oración del viernes en un templo chiíta de Islamabad. Es el ataque más mortífero en la capital desde 2008.
Al menos 31 personas murieron y cerca de 170 resultaron heridas tras un atentado suicida en una mezquita chiíta de Islamabad durante la oración del viernes 6 de febrero. El grupo yihadista Estado Islámico (EI) reivindicó el ataque perpetrado en la mezquita Imam Bargah Qasr-e-Khadijatul Kubra, ubicada en el barrio de Tarlai, en la periferia de la ciudad.
Según la declaración del EI difundida por el SITE Intelligence Group, un combatiente local abrió fuego contra los guardias del templo cuando intentaron detenerlo y luego detonó su chaleco explosivo entre la congregación chiíta. Fuentes de seguridad confirmaron que el atacante fue interceptado en la entrada antes de hacerse estallar.
La explosión se produjo cuando los templos musulmanes del país estaban repletos para la gran oración semanal. Muhammad Kazim, un sobreviviente de 52 años, describió la escena: «La explosión fue extremadamente potente. Cayeron escombros del techo, las ventanas se hicieron añicos. Cuando salí, había muchos cuerpos esparcidos». El testigo criticó duramente la falta de seguridad y exigió al gobierno que tome en serio las amenazas contra las mezquitas chiítas.
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Este es el ataque más sangriento registrado en la capital pakistaní desde septiembre de 2008, cuando 60 personas murieron en un atentado con camión bomba contra el hotel Marriott. Periodistas pudieron observar charcos de sangre, zapatos, ropa y fragmentos de vidrio esparcidos en el lugar, mientras decenas de heridos, entre ellos niños, llegaban a los hospitales con la ropa manchada de sangre.
El primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, condenó «enérgicamente» el atentado y prometió que los responsables serían llevados ante la justicia. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, calificó los ataques contra civiles y lugares de culto como «inaceptables».
El ataque ocurre en un contexto de creciente violencia en Pakistán, donde las fuerzas de seguridad enfrentan insurgencias intensificadas en las provincias del sur y norte. La semana pasada, ataques de insurgentes separatistas en Baluchistán dejaron 58 muertos, lo que desencadenó contraofensivas en las que las autoridades afirman haber eliminado a cerca de 200 insurgentes.
Fuente: RFI.


