Con un apasionado debate, los legisladores de Inglaterra y Gales aprobaron en primera instancia un proyecto de ley para permitir a personas con enfermedades terminales poner fin a sus vidas bajo estrictas condiciones.
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El Parlamento británico dio el viernes la aprobación inicial a un controvertido proyecto de ley que busca legalizar la muerte asistida en Inglaterra y Gales. Tras un intenso debate de varias horas, los legisladores votaron 330 a 275 a favor del proyecto, que ahora será sometido a un escrutinio más detallado en las próximas etapas parlamentarias.
El llamado proyecto de ley de muerte asistida permitiría que adultos mayores de 18 años, con enfermedades terminales y una esperanza de vida menor a seis meses, soliciten ayuda para poner fin a sus vidas. Para ello, se establecen salvaguardias, como la necesidad de que el paciente tome por sí mismo los medicamentos letales, garantizando que no haya coacción.
Kim Leadbeater, promotora del proyecto, enfatizó que esta ley no se trata de elegir entre la vida y la muerte, sino de brindar una opción digna para las personas que enfrentan sufrimientos insoportables en sus últimos días. “Es una decisión difícil, pero una elección que merece el derecho de ser discutida”, afirmó en su intervención.
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Sin embargo, el proyecto enfrenta una fuerte oposición. Legisladores como Danny Kruger expresaron su preocupación por el riesgo de coacción hacia personas vulnerables, como ancianos o discapacitados, para elegir la muerte asistida por razones económicas o sociales. En su lugar, propusieron priorizar los cuidados paliativos como una alternativa para aliviar el sufrimiento.
La votación, aunque mayoritaria, expuso profundas divisiones entre los parlamentarios. Mientras algunos miembros del gabinete del primer ministro Keir Starmer apoyaron la iniciativa, otros, incluyendo la líder conservadora Kemi Badenoch, votaron en contra. El gobierno optó por mantener una postura neutral en este delicado debate.
La propuesta de legalizar la muerte asistida no es nueva en el Reino Unido. Un intento similar en 2015 no logró superar la primera instancia. Sin embargo, esta nueva aprobación refleja un cambio en la percepción pública sobre la autonomía en el final de la vida.
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Países como Australia, Canadá, Bélgica y partes de Estados Unidos ya han legalizado el suicidio asistido, mientras que otros, como Suiza, permiten que extranjeros accedan a esta opción. A diferencia de la eutanasia, que implica la administración directa de una inyección letal por profesionales de la salud, la muerte asistida requiere que el propio paciente tome la decisión final y actúe.
El resultado de este proyecto será observado de cerca, pues podría sentar un precedente sobre cómo se maneja el delicado equilibrio entre la autonomía personal y la protección de los más vulnerables en la sociedad británica.
Fuente y foto: AP


