En parte de su discurso, Pintos sostuvo que «nos miraron a los ojos y vieron que nuestra llama estaba apagada. La gente también sufrió la guerra, conscientes de lo que estaba pasando en el frente de batalla».
«Se rompieron los códigos militares. El pueblo nos fue a buscar a la barraca; primero eran 10, 20, 30, 50, 100, 200 y después no se cuantas personas había. Ese era el pueblo argentino, por los que mis compañeros pelearon con la pala en la mano porque se habían quedado sin municiones, gritando «Viva la Patria», reconoció.

«Era por este pueblo, entonces no fue en vano. Y dejando la guerra de lado, nosotros cuando llegamos acá, volvimos a nacer. Encontramos el amor que necesitábamos, porque estábamos idos. Cuando bajamos del Camberra, mirábamos hacia el Golfo como si nos fueran a bombardear, porque en Malvinas nos bombardeaban todos los días», graficó.
«El pueblo de Madryn se hizo cargo de nosotros, lo más divino. En ninguna guerra pasa eso, los laureles y dedicatorias son para los victoriosos. Pero al pueblo de Madryn no le importó si habíamos perdido o ganado, sino querían que estuviéramos bien, que nos recuperáramos. Nos cobijaron como una gallina a los polluelos, nos pusieron debajo del ala y nos dieron su calor y protección. Estar hoy acá es sanador», valoró Pintos.
«El tema del pan no fue importante solamente por el hambre, y por la sed que teníamos. Porque también teníamos hambre y sed, de justicia y de amor, habíamos visto arriar nuestra bandera, fue una de las peores cosas que nos pasó en nuestras vidas, además de ver a nuestros compañeros caer».

«El pan es sagrado, está escrito por muchas religiones, no fue casualidad que Madryn se haya quedado sin pan, porque ese día estuvo Dios y la gente nos dio todo su amor, Viva la Patria»!!!, resumió Pintos.


