El «Raúl Conti» está enclavado en la manzana comprendida por las calles Mariano Moreno (donde está el ingreso y la cabecera norte de tribunas), la Avenida Juan B. Justo (cabecera este), Carolina Lorenzini (cabecera sur y la cancha auxiliar de sintético) y la calle Jujuy, sobre la cual está el paredón del sector oeste del estadio.
Es uno de los tres de mayor capacidad de la región, junto con el «Cayetano Castro» de Racing de Trelew y «El Fortín» de Germinal de Rawson.

El estadio original contaba con una tribuna de cemento con capacidad para 500 personas cómodamente instaladas, una tribuna de veinte metros de largo debajo de la cual se encontraban depositada los baños públicos, tres vestuarios (para el equipo local, visitante y árbitros).

Mediante dos túneles totalmente independiente de cinco metros de largo cada uno, los protagonistas tenían acceso directo al campo de juego que se encontraba totalmente cercado por un alambre olímpico reglamentario.

Eran terrenos inundables. Se abovedó todo ese sector a través de un esfuerzo de Darwin Williams. Fue todo a pulmón. Nombres como lo del “Negro” Méndez, Vargas, Zunino, los Sanabra, el “Bolo” González, Mondragón, José Pepitone y varios nombres más.

Luego la historia es más reciente y conocida. Con la presidencia de Carlos Eliceche, en el 2.000 se inauguró el piso de césped. Años más tarde se amplió la capacidad de 8.000 a 15 mil personas en ocasión del inédito test match Los Pumas – Gales, en junio de 2006.

La proyección de Guillermo Brown, que lo llevó a ascender del Torneo Argentino «B» primero al Argentino «A» y después a la Primera «B» Nacional (hoy Primera Nacional), hizo que el estadio mejorara aún más su fisonomía y se convirtiera en uno de los mejores de la región y en una permanente vidriera en los medios nacionales.
Fotos Los Pumas-Gales, gentileza de Daniel Feldman (Diario Jornada).











