Una investigación reveló que la alimentación no es el único factor que determina el nacimiento de una abeja reina. La composición de la celda y el trabajo coordinado de las obreras también resultan fundamentales.
Durante décadas, la comunidad científica sostuvo que la jalea real era el principal factor que permitía que una larva se transformara en abeja reina. Sin embargo, un estudio liderado por el Instituto de Apicultura de la Academia China de Ciencias Agrícolas demostró que ese proceso depende además de un entorno especialmente diseñado por las abejas obreras, lo que modifica la comprensión sobre la organización de las colmenas.
Los investigadores comprobaron que las celdas reales, donde se desarrolla la futura reina, poseen características muy diferentes de las celdas comunes destinadas a las obreras. Su cera tiene menor densidad, mayor flexibilidad y una composición química particular que permite conservar mejor la temperatura y la humedad, creando las condiciones ideales para el desarrollo de la larva. Los ensayos también evidenciaron que, aun con la misma alimentación, las larvas criadas en celdas convencionales presentaron una mayor mortalidad y dieron origen a reinas de menor tamaño.
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El trabajo también identificó un grupo específico de abejas obreras jóvenes encargadas exclusivamente de construir estas celdas especiales. Durante esa tarea, estos insectos experimentan cambios fisiológicos y un aumento de la temperatura en el tórax, un fenómeno que, según los especialistas, contribuiría a acelerar el desarrollo de la reina. Mientras una obrera tarda alrededor de 21 días en completar su crecimiento, una abeja reina alcanza la madurez en aproximadamente 16 días, una diferencia clave cuando la colonia necesita reemplazar rápidamente a su líder.
Otra de las conclusiones del estudio es que las obreras seleccionan cuidadosamente materiales provenientes de distintas partes de la colmena para fabricar las celdas reales, en lugar de reutilizar la cera disponible al azar. Los científicos compararon este nivel de organización con el funcionamiento de una «corte real», donde cada individuo cumple una función específica para garantizar el nacimiento de la futura reina y la continuidad de toda la colonia.
Los investigadores sostienen que estos hallazgos ponen de manifiesto la extraordinaria complejidad de las sociedades de insectos. Más allá de la genética y la alimentación, el desarrollo de una abeja reina depende de la interacción entre el ambiente, los materiales de construcción y el comportamiento colectivo. Según los autores, comprender estos mecanismos podría aportar nuevos conocimientos no solo sobre las abejas, sino también sobre la influencia del entorno social en el desarrollo de los seres vivos.
Con información de WIRED.


