Mientras TIDAL, Deezer y otras plataformas endurecen sus políticas, la industria comienza a definir qué lugar tendrá la inteligencia artificial en el futuro de la música.
Durante años, las plataformas de streaming insistieron en presentarse como espacios neutrales. La irrupción de la inteligencia artificial generativa terminó por revelar que esa neutralidad nunca existió.
Esta semana, TIDAL anunció una de las medidas más drásticas que ha tomado una plataforma frente a la música creada por IA: las canciones identificadas como completamente generadas por inteligencia artificial seguirán pudiendo existir dentro del servicio, pero dejarán de monetizarse. No recibirán regalías y estarán claramente etiquetadas. Es la primera vez que una gran plataforma establece una jerarquía económica entre música humana y sintética.
La medida no surge en el vacío. Deezer fue la primera en reconocer públicamente la magnitud del problema: el 44% de toda la música que recibe diariamente es completamente generada por IA, lo que equivale a decenas de miles de canciones nuevas cada día. Buena parte de esas reproducciones estarían asociadas a esquemas fraudulentos para capturar regalías mediante bots. Como respuesta, implementó detección automática, etiquetado y exclusión de este contenido de las recomendaciones algorítmicas.
MIRÁ TAMBIÉN:Los terremotos de Venezuela dejaron marcas visibles desde el espacio
Spotify también endureció su postura contra las imitaciones vocales no autorizadas y los deepfakes musicales. Bandcamp, por su parte, directamente prohibió obras generadas total o sustancialmente mediante IA.
La discusión ya no gira en torno a la creatividad: gira en torno a la economía. Nadie parece especialmente preocupado porque un músico use IA para experimentar. El verdadero temor es que el streaming termine inundado por millones de canciones producidas a costo cero cuyo único propósito sea manipular algoritmos y capturar regalías, un fenómeno que algunos estudios ya llaman «AI slop».
Las medidas actuales son un primer paso, pero dejan sin respuesta preguntas fundamentales: ¿quién recibe compensación cuando una máquina aprende del trabajo de miles de músicos? ¿Cómo se acredita la autoría en una creación híbrida? Por primera vez, las plataformas parecen empezar a responder que no están dispuestas a reemplazar la experiencia humana por una producción infinita de contenido sintético.
Con información de RollingStoneAR


