Una situación de máxima tensión se desarrolla en aguas del Océano Atlántico, donde Estados Unidos mantiene desde hace dos semanas la persecución de un petrolero que transporta crudo venezolano y navega bajo bandera rusa. El buque, identificado como Marinera —antes conocido como Bella-1— es señalado por Washington como parte de la red de financiamiento del entorno de Nicolás Maduro.
La Guardia Costera estadounidense intenta incautar la embarcación en el marco de lo que la administración de Donald Trump define como la mayor “cuarentena” marítima de la historia moderna. La operación tomó una dimensión inédita luego de que Rusia desplegara un submarino de su Armada para escoltar al petrolero y disuadir cualquier abordaje, lo que profundizó la crisis diplomática entre ambos países.
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Este operativo se inscribe en el “bloqueo total” a las exportaciones energéticas venezolanas decretado por Trump a mediados de diciembre. Según el Departamento de Estado, la ofensiva busca cortar el flujo de divisas del régimen venezolano y frenar las maniobras de intermediarios internacionales acusados de mover recursos fuera del sistema de sanciones.
Desde el inicio de la ofensiva naval, Estados Unidos logró incautar o inspeccionar varios buques vinculados al comercio de crudo venezolano, mientras mantiene activa la persecución del Marinera. Analistas marítimos detectaron además la salida irregular de múltiples petroleros desde puertos venezolanos, muchos de los cuales apagaron sus sistemas de identificación para evitar ser rastreados.
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El riesgo de un incidente mayor preocupa a la comunidad internacional, tanto por la presencia simultánea de fuerzas estadounidenses y rusas como por la fragilidad del sistema petrolero venezolano, al borde del colapso por la saturación de sus instalaciones. El episodio expone, además, las tensiones internas en la conducción energética de Venezuela y suma un nuevo foco de inestabilidad al escenario global.
Fuente: Noticias Argentinas.


