Hace 7 años, Silvia Piceda y Sebastián Cuattromo, ambos víctimas de abuso sexual infantil, decidieron poner en palabras su sufrimiento y convertirlo en ayuda al prójimo.
De esa forma se conocieron y enamoraron. Decidieron unir sus vidas y también el esfuerzo para llevar adelante la ONG «Los Adultxos por los Derechos de la Infancia».
“Nuestro colectivo tiene dos patas: la visibilización pública permanente y el espacio de encuentro de nuestros pares, que nos permite todas las semanas compartir experiencias”, menciona Sebastián.
“Queremos dejar una sociedad donde los derechos de la infancia sean un hecho. Nos gustaría que que cuando la gente vaya a votar se fije en qué plan tiene cada gobierno con respecto a la infancia. Eso garantizaría una sociedad más justa y libre”, agrega Silvia.

Él tenía 13 años y cursaba el séptimo grado en el Colegio Marianista, cuando fue abusado por un docente de la institución, quien en 2102 fue condenado a 12 años de cárcel.
“Me causó mucho dolor no poder hablar o pedir ayuda a los adultos que me rodeaban. Durante 10 años no lo pude hacer y fue un sentimiento amargo de vergüenza y autorecriminación, que es con lo que cargan las víctimas. No tuve adultos confiables a mi alrededor, ni un contexto o ámbito para compartir lo que me estaba pasando. Además, en el colegio imperaba la cultura machista, violenta y autoritaria”, recuerda.
Admite que “sentí una gran necesidad de emprender un camino de reparación y justicia por lo que me había pasado. Esto me forjó una conciencia y un compromiso adulto, y hoy me llena de alegría y reconocimiento. Debemos hacernos cargo y ser adultos protectores de la infancia”.
Ella, en tanto, sufrió ataques por parte de personas allegadas a su familia. Pudo pedir ayuda a sus padres, aunque “nunca se hizo nada, ni se habló del tema”.

Ya en su adultez, se enteró que su marido había abusado de una hija que era fruto de una relación anterior.
“En 2009 tuve que asumir que me había casado con un abusador y allí comenzó mi lucha. Trabajo muchos años en tema de adicciones y sabía que encontrando un grupo de ayuda sería muchísimo mejor. A nivel judicial nos pasó que se trataba de mostrar que el abuso sexual en la infancia no existía”, sostiene.
Ambos señalan que las secuelas provocadas por este delito son múltiples.
“Se sabe que en el índice de suicidios, muchos corresponden a personas que en su infancia fueron abusadas o maltratadas. Estos daños que hacemos visibles nosotros se dieron en ámbitos donde en la sociedad no se podía hablar, donde la víctima cargaba con la culpa y donde los agresores se manejan con total impunidad. Por eso es que si la sociedad cambia, las estadísticas van a ser totalmente diferentes”, dice Silvia.
Fuente: La Nueva (Bahía Blanca).