Nuevas inscripciones revelaron que el monarca de la dinastía XXII fue enterrado en un lugar distinto al que indicaban los registros conocidos. El descubrimiento plantea dudas sobre los conflictos internos que marcaron su reinado.
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Un hallazgo arqueológico en el yacimiento de Tanis volvió a poner en debate la historia de Sheshonq III, uno de los faraones más influyentes de la dinastía XXII del antiguo Egipto. Inscripciones halladas en el mayor sarcófago del sitio y en las paredes de otra tumba tradicionalmente atribuida al monarca indicaban que ambos espacios correspondían a su sepultura. Sin embargo, el reciente descubrimiento de la presencia del faraón en una tumba distinta ha desconcertado a los especialistas.
El egiptólogo Aurélien Payraudeau explicó que este nuevo dato abre interrogantes sobre la ubicación real del entierro de Sheshonq III y sobre las circunstancias políticas que rodearon su muerte. Durante su prolongado reinado, que se extendió por cerca de cuarenta años, Egipto atravesó fuertes tensiones internas, incluidas disputas por el control del Alto y el Bajo Egipto que derivaron en episodios de guerra civil.
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Según Payraudeau, estos conflictos de poder entre distintas facciones pudieron influir directamente en la sucesión y en la designación del lugar final de descanso del faraón. Las autoridades religiosas y políticas del periodo habrían tomado decisiones excepcionales para proteger la tumba, resguardar su linaje o evitar que enemigos internos profanaran su sepultura.
El hallazgo, que vuelve a situar a Tanis en el centro del interés arqueológico, alimenta nuevas líneas de investigación sobre la dinastía XXII y la compleja dinámica política que caracterizó el Tercer Periodo Intermedio. Los expertos señalan que futuras excavaciones y análisis epigráficos serán cruciales para aclarar el misterio en torno al destino funerario de Sheshonq III.
Fuente y foto: Infobae


