Cada vez que los cardenales eligen un nuevo papa, el mundo entero mira hacia la chimenea de la Capilla Sixtina. Pero, ¿cómo se produce realmente el famoso humo blanco? Un especialista en pirotecnia revela los secretos químicos del cónclave.
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Tras la muerte del papa Francisco ocurrida el 21 de abril de 2025, el Vaticano se prepara para una nueva elección papal. Al igual que en 2013, cuando Jorge Mario Bergoglio fue elegido sumo pontífice y adoptó el nombre de Francisco, la señal que anuncia al mundo la elección es una: el tradicional humo blanco que emana de la chimenea de la Capilla Sixtina.
Aunque el gesto parece místico, detrás hay ciencia pura. Chris Mocella, coautor del libro Chemistry of Pyrotechnics, explicó a National Geographic los procesos químicos utilizados para generar el característico humo blanco que indica la elección de un nuevo papa. Según el especialista, el color del humo puede manipularse mediante dos métodos principales: la combustión y la vaporización.
En el caso del humo blanco, se utilizan compuestos como zinc y fósforo, que al quemarse atraen humedad y generan una nube espesa de aspecto claro. La combinación de polvo de zinc metálico y azufre elemental produce sulfuro de zinc, cuya emisión es ese humo blanco tan esperado por los fieles católicos de todo el mundo.
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Por el contrario, cuando el cónclave aún no ha llegado a un acuerdo, se recurre al humo negro. Esto se logra mediante la combustión incompleta de materiales orgánicos con poco oxígeno, generando hollín y partículas densas. Si bien antiguamente se utilizaba paja, hoy se prefieren composiciones químicas controladas que garanticen volumen, color y visibilidad adecuados.
Mocella también aseguró que, en teoría, los cardenales podrían generar humo de otros colores e incluso fuegos artificiales, aunque esto último supondría riesgos estructurales y de seguridad en la Capilla Sixtina. En cualquier caso, la tradición se mantiene: blanco para anunciar al nuevo papa, negro para indicar que aún no hay consenso.
La elección de un nuevo pontífice es un momento de profunda relevancia para la Iglesia Católica, y el humo, más allá de su carga simbólica, es producto de una delicada ingeniería pirotécnica.
Fuente: Billiken
Foto: Archivo


