El acceso a la vivienda se convirtió en uno de los principales desafíos para las nuevas generaciones en Argentina. Según distintos relevamientos, cuatro de cada diez jóvenes de entre 25 y 35 años no logra independizarse y permanece en el hogar familiar, una tendencia que se mantiene en crecimiento y alcanza tanto a grandes ciudades como al interior del país.
Uno de los factores centrales es el costo de los alquileres. En la Ciudad de Buenos Aires, un monoambiente ronda los $500.000 mensuales a comienzos de 2026, mientras que el salario promedio joven se ubica cerca de los $900.000. Esto implica destinar más del 50% de los ingresos al pago del alquiler, lo que limita el ahorro y complica cualquier planificación a mediano plazo.
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La falta de empleo formal también impacta en la posibilidad de firmar contratos, reunir garantías o acceder a depósitos iniciales. A ello se suma la prácticamente inexistente oferta de créditos hipotecarios en relación con el Producto Bruto Interno, lo que deja fuera del mercado a la mayoría de quienes buscan comprar una vivienda.
Especialistas en políticas urbanas advierten que la situación no es exclusiva de una clase social ni de una región determinada. Durante la última década, la proporción de jóvenes sin independencia habitacional se mantuvo por encima del 36%, consolidando un cambio estructural en los patrones de emancipación.
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En comparación con modelos internacionales, donde existen subsidios, viviendas públicas o esquemas de alquiler regulado, Argentina presenta una oferta limitada y orientada en gran medida a sectores de mayores ingresos. En este contexto, expertos plantean la necesidad de políticas integrales que amplíen el acceso, combinen herramientas de alquiler y crédito, y faciliten la transición hacia la autonomía.
Fuente: Infobae.


