El contundente respaldo electoral a Javier Milei, incluso en bastiones peronistas como Buenos Aires, dejó a la CGT en una posición inesperada y de replanteo profundo. La central obrera, que aguardaba un triunfo de Fuerza Patria para encaminar su retorno al poder, enfrenta ahora un panorama político adverso que obliga a recalcular estrategias de cara al congreso del 5 de noviembre.
En medio del desconcierto, la mesa chica de la CGT convocó a un encuentro ampliado para analizar la nueva realidad y definir la próxima conducción. “Estamos con las preocupaciones lógicas de hacia dónde vamos”, reconoció el líder de un importante gremio de servicios, al tiempo que pidió dirigentes “que sepan gestionar y tengan respaldo interno porque viene una etapa muy difícil”.
El tablero sindical muestra una correlación de fuerzas modificada: el sector dialoguista, encabezado por Gerardo Martínez (UOCRA), emerge fortalecido. En cambio, figuras del ala dura como Héctor Daer (Sanidad) y Abel Furlán (UOM) perdieron terreno tras apostar por una derrota libertaria. “Será difícil que el nuevo triunvirato tenga una impronta más combativa”, admiten desde la central.
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La CGT observa con alarma el impacto político del voto libertario, que podría allanar el camino para una reforma laboral sin consenso. “Debe primar la sensatez y la transición justa en los cambios”, afirmó Gerardo Martínez, quien defendió la continuidad del Consejo de Mayo como espacio de diálogo multisectorial.
Desde el ala más dura apuntan contra la estrategia electoral de Cristina Kirchner y Axel Kicillof, a quienes acusan de haber “subestimado el fenómeno Milei”. “Creyeron que se podía ganar sólo atacándolo y sin mostrar propuestas”, se quejó un dirigente, y fue más allá: “Cristina debe renunciar a la presidencia del PJ porque, si no, en cinco años vamos a ser una expresión testimonial”.
El temor de fondo radica en el posible resurgir del proyecto de Democracia Sindical, que impulsa limitar las reelecciones gremiales y transparentar las obras sociales. Ese paquete de leyes, impulsado por la UCR y el PRO con apoyo libertario, genera pánico entre los sindicalistas por amenazar la estructura de poder de la CGT.
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“El camino más pragmático es mantener abiertas las vías de negociación con el Gobierno”, sostuvo Martínez, convencido de que la moderación puede evitar un choque frontal que debilite aún más a la central. Su postura coincide con la de dirigentes como Hugo Moyano (Camioneros) y Sergio Romero (UDA), quienes apuestan por un sindicalismo firme pero dialoguista.
“La modernización laboral debe ser un camino que dé garantía a los trabajadores y a los empleadores en el mismo nivel de los intereses que se representan”, reafirmó Martínez, en un intento de marcar distancia del discurso más beligerante dentro de la CGT.
El futuro inmediato se definirá en la próxima reunión ampliada. Allí, la central deberá decidir si consolida una estrategia de negociación o si se convierte en el principal frente opositor a Milei. Por ahora, el movimiento obrero parece dividido entre la resistencia y el pragmatismo.
Fuente y foto: Infobae


