La emblemática fábrica Textilana mantiene suspendidos a 175 operarios ante la falta de ventas y el exceso de stock. El impacto de las importaciones y la caída del consumo nacional ponen en jaque a 300 familias.
Las máquinas, paradas desde noviembre
Textilana, la firma detrás de la reconocida marca de sweaters Mauro Sergio, atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia. Desde mediados de noviembre del año pasado, la planta productiva paralizó sus máquinas debido a una acumulación récord de stock que no logra colocarse en el mercado interno. Esta situación afecta directamente a 300 trabajadores que ven con incertidumbre la continuidad de sus fuentes laborales.
175 suspendidos y el regreso postergado hasta junio
Actualmente, 175 operarios se encuentran suspendidos percibiendo el 78% de sus haberes tras una compleja negociación. Aunque el acuerdo inicial preveía el regreso a las tareas para el próximo 1 de abril, la empresa ya comunicó la imposibilidad de cumplir con dicho plazo ante la ausencia de demanda. La nueva fecha tentativa de reincorporación se ha postergado para el mes de junio, agravando la angustia del sector.
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Desde la representación gremial señalan que la apertura de importaciones y el fuerte incremento en los costos de servicios públicos han generado una situación insostenible para la industria nacional. Los delegados advierten que la competencia con productos extranjeros resulta «desleal» para una fábrica que mantiene a todo su personal registrado y realiza el proceso productivo completo, desde el hilado hasta el botón.
De mil empleados a menos de un tercio
La empresa, que en sus años de mayor esplendor llegó a emplear a 1.000 personas y producir dos millones de prendas anuales, hoy sobrevive con menos de un tercio de su personal histórico. El freno en el consumo ha golpeado incluso a una de las marcas más resilientes del país, que supo ser un emblema del turismo y la manufactura argentina durante décadas.
A pesar del panorama adverso, los propietarios intentan sostener los puestos de trabajo mediante tareas alternativas, como el lavado de lana para terceros. Sin embargo, con el ruido de las máquinas apagado en la planta de la ruta 88, el futuro de la «Capital del suéter» es incierto. Más de la mitad de la plantilla está compuesta por mujeres jefas de hogar que hoy dependen de un repunte económico que no asoma en el horizonte cercano.
Con información de BAE Negocios.


