En el corazón de San Andrés de Giles, la Posta de Figueroa —o Estancia La Merced— emerge como un sitio clave donde confluyen historia rural, política nacional y relatos familiares que se mantienen vivos desde el siglo XVIII.
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La ruta hacia la Posta de Figueroa comienza por el antiguo Camino Real, hoy deteriorado, que conduce a Azcuénaga y al histórico Puente de Fierro, donde un monolito recuerda el asesinato de Juan José Torres en 1976. Desde allí, un callejón rural lleva hasta la tranquera de una estancia que acumula 270 años de vida y una historia anterior incluso al propio partido de San Andrés de Giles.
En la entrada, un cartel anuncia: “Hacienda de Figueroa. Lugar de significación histórica”. El lugar permanece en manos de la misma familia desde 1755, cuando el sargento mayor de milicias Tomás de Figueroa adquirió las tierras que darían origen a una posta fundamental del antiguo Pago de Areco.
Gran parte de la política nacional también pasó por estas habitaciones de ladrillos gruesos. En diciembre de 1834, Juan Manuel de Rosas y Facundo Quiroga conferenciaron allí antes de la misión pacificadora del riojano. “El país había dado varios pasos hacia atrás en el camino a la institucionalidad”, escribió Rosas en la carta que Quiroga llevaba consigo cuando fue asesinado en Barranca Yaco.
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Por la posta también pasaron Estanislao López, Juan Lavalle, Lucio Mansilla y el general José María Paz, quien recordó en sus memorias que durante su cautiverio “en la posta hubo baile, supuse que para celebrar mi encierro”. Cada rincón conserva marcas de esos episodios, incluso la antigua celda donde Paz pasó una noche de 1835.
Hoy el lugar pertenece a Julio Oscar Figueroa Castex, de 81 años, quien recibió a los visitantes bajo una parra centenaria. “Todo lo que ve acá fue gracias a mi esfuerzo. Las autoridades prometieron mucho, pero cumplieron poco”, afirmó, recordando que recién hace diez años la estancia accedió a electricidad.
Figueroa, hijo único, amansador desde los 20 años y padre de 12 hijos, mantiene vivo el espíritu gaucho de la posta. Con orgullo cuenta: “Tengo una hija muy campera”. Su vida transcurre entre perros, ovejas, chanchos y los vestigios de una casa que aún luce como en el siglo XVIII.
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La conservación del edificio no es tarea fácil. “El techo se llueve y cuesta mantener una construcción tan vieja”, admitió. Sin embargo, la familia preservó fielmente la estructura, al punto de que allí se filmaron escenas de Facundo, la sombra del tigre en 1995 por su autenticidad histórica.
Reconocida como monumento histórico municipal, provincial y nacional, la Posta de Figueroa se convirtió en un atractivo para turistas y curiosos. “La gente venía a cualquier hora; ahora organizamos horarios de visita porque sigue siendo una casa de familia”, explicó Figueroa.
Aun así, la esencia se mantiene intacta: la misma arboleda, los mismos muros y un legado ininterrumpido de casi tres siglos. En palabras del propio dueño: “Por acá pasó la historia, y mientras haya un Figueroa, siempre habrá alguien dispuesto a contarla”.
Fuente y foto: Infobae


