Un devastador terremoto de magnitud 7,7 sacudió Birmania el viernes, dejando hasta el momento más de 1.600 muertos y miles de heridos.
El epicentro se ubicó en la ciudad de Sagaing y fue seguido por una réplica de 6,7, lo que agravó la crisis humanitaria en un país ya golpeado por un conflicto interno desde el golpe de Estado de 2021.
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Las autoridades declararon estado de emergencia en seis regiones, debido al colapso de edificios, puentes y templos religiosos. El impacto se sintió incluso a más de 1.000 kilómetros del epicentro, llegando a Bangkok, Tailandia. En Mandalay, una de las ciudades más afectadas, se teme que decenas de personas sigan atrapadas entre los escombros.
El cierre del aeropuerto de Mandalay complica las operaciones de rescate en un país donde la guerra ha debilitado su infraestructura y sistema de salud. La Cruz Roja advirtió sobre la dificultad de acceder a ciertas zonas debido a la destrucción masiva y la falta de recursos.
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Ante la magnitud de la catástrofe, el líder de la junta militar, Min Aung Hlaing, solicitó ayuda internacional, abriendo la puerta a cualquier país u organización que pueda colaborar con asistencia humanitaria y equipos de rescate.
La comunidad internacional observa con atención la respuesta del régimen birmano, mientras las víctimas y damnificados esperan ayuda urgente en medio de una crisis sin precedentes en la región.
Fuente: DW.
Foto: Sai Aung Main/AFP.


