Manifestantes pro iraníes irrumpieron en la sede diplomática en Karachi tras el ataque contra Irán. La violencia dejó más de veinte heridos y se extendió a otras ciudades como Islamabad, Lahore y Multan.
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Al menos nueve personas murieron y más de veinte resultaron heridas este domingo durante los violentos disturbios registrados frente al consulado de Estados Unidos en Karachi, capital de la provincia de Sindh, en el sur de Pakistán. El estallido se produjo cuando manifestantes pro iraníes intentaron asaltar la sede diplomática en rechazo al ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán y la muerte del líder supremo iraní.
Según informaron autoridades locales y fuentes hospitalarias, la confrontación se prolongó durante varias horas y dejó un saldo de nueve fallecidos y cerca de 25 heridos, algunos en estado grave. El hospital principal de Karachi confirmó que inicialmente recibió seis cuerpos y que luego se sumaron tres víctimas más a raíz de las heridas sufridas en los enfrentamientos.
De acuerdo con las primeras versiones oficiales, cientos de manifestantes, en su mayoría integrantes de la comunidad chií, marcharon hacia el consulado estadounidense y lograron derribar la verja principal para ingresar al recinto. Allí causaron destrozos materiales, rompieron ventanas y prendieron fuego a una caseta policial cercana. La policía negó que el edificio consular haya sido incendiado, aunque admitió daños en el perímetro.
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Las fuerzas de seguridad recuperaron el control tras desplegar un amplio operativo con policías y efectivos paramilitares. Al finalizar la jornada, testigos señalaron que decenas de personas permanecían concentradas a aproximadamente un kilómetro del lugar, lanzando piedras y alentando a continuar la protesta.
La tensión en Karachi se propagó rápidamente a otras regiones del país. En Islamabad, una multitud estimada en 4.000 personas se reunió frente a la embajada de Estados Unidos, donde la policía utilizó gases lacrimógenos y realizó disparos al aire para dispersar a los manifestantes.
En Multan, en la provincia de Punyab, la movilización se desarrolló mayormente de forma pacífica, aunque con fuertes consignas contra Washington y Tel Aviv. En Lahore, segunda ciudad más poblada de Pakistán, también hubo protestas frente al consulado estadounidense bajo estrictas medidas de seguridad.
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Uno de los episodios más graves fuera de Karachi ocurrió en Skardu, en el norte del país, donde manifestantes irrumpieron en una oficina local de Naciones Unidas, incendiaron el edificio y destruyeron al menos tres vehículos, lo que generó preocupación internacional por la escalada de violencia.
Ante la ola de disturbios, el ministro del Interior de Pakistán, Mohsin Naqvi, instó a la población a mantener la calma y expresó que “cada ciudadano de Pakistán comparte el duelo del pueblo de Irán”. Las autoridades reforzaron la seguridad en embajadas y consulados estadounidenses y advirtieron sobre posibles nuevas convocatorias a protestas.
El gobierno provincial de Sindh pidió a la ciudadanía manifestarse de manera pacífica y evitar actos de violencia o vandalismo, mientras en Islamabad y otras ciudades principales se intensificó la presencia policial y militar en zonas diplomáticas.
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La comunidad chií representa alrededor del 15% de los 250 millones de habitantes de Pakistán, constituyendo uno de los mayores núcleos chiíes del mundo. En los últimos años, este sector ha protagonizado manifestaciones contra Estados Unidos e Israel, aunque rara vez con el nivel de violencia observado en esta ocasión.
Oradores y manifestantes destacaron la figura del líder iraní fallecido como referente espiritual y denunciaron lo que consideran una agresión externa contra Irán. La crisis diplomática y el impacto emocional en la comunidad chií explican, en parte, la magnitud de las protestas que sacudieron Karachi y otras ciudades paquistaníes.
La situación continúa bajo seguimiento de las autoridades, en un contexto regional de alta tensión y con riesgo de nuevos episodios de violencia.
Fuente y foto: Infobae


