Por Edgardo Lillo.
Por supuesto que otros colegas como Hugo Edgard Gómez, Carlos Melano, Jorge Arias, Darío Santos, el Choco Adaro, el Galenso Hughes o el propio Sandro Giménez tendrán muchas más anécdotas a mano, por su cercanía con el básquetbol, por sus vivencias de años dorados y por haber compartido varias coberturas, incluso la del Campeonato Mundial de Argentina ’90.
Nito era un hombre del básquetbol, una personalidad que conocían en todo Chubut y por supuesto en muchas partes del país. Un jugador de las épocas de blanco y negro y un entrenador que saltó a la fama con aquel Independiente del ’92 que el armó a su medida y con el que logró el ascenso de la Liga Nacional “C” a la “B”.
Ese equipo de los cordobeses Comegna, Domínguez, el “Hugo” Zabala, el “Flaco” Toricelli, Tomás Real, Germán Larmeu, Franco Pérez y la «Vieja» Funes, entre otros.
Un tipo de iniciativa, de hablar con todos, de efervescencia, de la risa fácil, de las cargadas con amigos, de anécdotas increíbles.

Formador o impulsor de otros entrenadores como el “Chivo” Javier Cunha, el “Flaco” Gustavo Álvarez, Arel Gibbon o Gustavo Sapochnick, por citar algunos.
Hasta el propio Nicolás Casalánlaguida, consagrado en Gimnasia de Comodoro y ahora en México, le agradeció “sus enseñanzas”.
También otro consagrado como Nicolás de los Santos, lo recordó en las redes: “descansá genio”, le dedicó el bahiense surgido en Racing de Trelew.
Te Llevaré siempre en mi corazón!! Descansa Genio!! QEPD? pic.twitter.com/Qi4ctmzhgE
— Nico de los Santos (@Nicodls5) December 9, 2020
Creador de ese famoso Campus de Playa Unión, donde en cada verano llegaban enormes figuras y además chicos de todas las latitudes, incluso desde Chile.
Colaborador de las selecciones provinciales, férreo defensor e impulsor de la Liga Patagónica de Básquetbol, con Othar Macharasvilli y otros referentes, espalda con espalda.
Comentarista, amigo de nosotros, de encuentros ocasionales en alguna confitería, o en la pizzería de Nelson en Madryn para reír y hablar de básquet, de que iba a hablar sino.

También se dedicó un tiempo al comercio, ese local de indumentaria deportiva de la calle San Martín, “Schamps”, que traía pilcha de primera, por supuesto la de básquet era la que predominaba.
Me lo voy a recordar con el típico saludo “que hacés Lillito” o riéndose mucho con el Negro Gómez, con Sandro, con Alfredo Barragán en algún partido del Deportivo Madryn, o viendo cualquier partido de basquetbol, de TNA o de Liga Nacional con mirada profunda o concentración absoluta.
El abrazo para toda su familia, principalmente para Leo y Silvina, y la promesa de mantener su recuerdo infinito…


