El chisme, tan presente en la vida cotidiana, es mucho más que un simple pasatiempo. Para los expertos, este intercambio de información sobre otras personas cumple una función esencial: ayuda a construir lazos sociales, aprender reglas no escritas y advertir sobre riesgos. “El chisme está presente en todas las culturas cuando se dan las circunstancias adecuadas”, explicó la antropóloga Nicole Hagen Hess, de la Universidad Washington State.
El antropólogo británico Robin Dunbar compara el chisme con el “acicalado” que realizan los primates entre sí. Mientras los monos se limpian mutuamente para generar confianza, los humanos intercambian historias que definen jerarquías y alianzas. Un estudio de la Universidad de Dartmouth comprobó que los grupos que comparten chismes tienden a cooperar más, lo que refuerza la idea de que es una herramienta para la cohesión social.
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El psicólogo Frank McAndrew, de Knox College, sostiene que el interés por la vida de los demás tiene raíces evolutivas: “Somos descendientes de personas que eran buenas en esto”. Saber quién era confiable o peligroso aumentaba las posibilidades de sobrevivir. Hoy, las redes sociales replican ese patrón, ya que la información sobre celebridades o conocidos sigue siendo considerada valiosa por nuestro cerebro.
En cifras, la Universidad de California en Riverside determinó que la persona promedio dedica 52 minutos diarios al chisme. La psicóloga Megan Robbins, a cargo del estudio, aseguró que la mayoría de estos comentarios son neutrales y sirven para aprender normas sociales, descubrir aliados o evitar malas conductas. Incluso puede funcionar como un mecanismo de control: los chismes sobre tramposos o deshonestos actúan como un freno moral.
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Aunque también puede dañar reputaciones y excluir a personas, el chisme sigue siendo un recurso adaptativo. “Tiene consecuencias reales”, concluye Hess. Desde advertir sobre citas peligrosas hasta mantener conversaciones en un ascensor, el chisme no solo entretiene: define cómo nos conectamos y quiénes somos en sociedad.
Fuente: Infobae.
Imagen ilustrativa: El Colombiano.


