A 58 kilómetros de Malargüe, en la provincia de Mendoza, se encuentra el Pozo de las Ánimas, un sitio natural que combina impresionante belleza y leyendas que atraen a miles de turistas cada año.
Aunque su nombre está en singular, el lugar cuenta con dos enormes dolinas formadas por el colapso de cavernas subterráneas creadas por las aguas. Con el tiempo, estos huecos se ensancharon y dejaron al descubierto dos pozos de agua dulce rodeados de imponentes acantilados.
Cada pozo tiene un diámetro aproximado de 200 metros, con una profundidad que supera los 100 metros, sumando el tramo desde el agua hasta el fondo del cono. Sus aguas cambian de tonalidad según la luz del día, ofreciendo un espectáculo visual único.
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Los mapuches, antiguos habitantes de la región, llamaron al lugar “Trolope-Co”, que significa “agua del gritadero de las ánimas”. La leyenda cuenta que dos pueblos rivales de ambos lados de los Andes protagonizaron un conflicto que terminó con el hundimiento de los enemigos en estos pozos, cuyos gemidos se escuchaban en la noche.
Quienes visitan el Pozo de las Ánimas aseguran que, al caer la noche, el viento arrastra los gritos de los que perecieron allí, reforzando la atmósfera de misterio que envuelve la zona. Por ello, el sitio se ha convertido también en un lugar de veneración y rituales para las almas que vagan por las montañas.
Además de su leyenda, el Pozo de las Ánimas es un monumento natural protegido que permite apreciar la fusión de geología, agua y historia, siendo un punto de interés imperdible para turistas, investigadores y amantes de la naturaleza en Mendoza.
Fuente: Diario Hoy.


