Fue uno de los obsequios que Melchor, Gaspar y Baltasar (la Biblia no menciona nombres), llevaron al nacimiento de Jesús. Extraída de una resina aromática, la mirra tuvo un enorme valor en la Antigüedad y hoy continúa utilizándose en medicina, cosmética y rituales religiosos.
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Cada 6 de enero, la celebración de los Reyes Magos recuerda la visita de Melchor, Gaspar y Baltasar al niño Jesús, cuando ofrecieron tres presentes cargados de simbolismo: oro, incienso y mirra. Mientras los dos primeros resultan fácilmente identificables, la mirra continúa despertando curiosidad por su origen, sus propiedades y el profundo significado que tuvo a lo largo de la historia.
La mirra es una resina aromática que se obtiene al realizar incisiones en la corteza del árbol Commiphora myrrha, una especie que crece en regiones del noreste de África, Arabia, Egipto y Anatolia. Al brotar, el líquido es amarillento, pero al secarse adquiere tonalidades rojizas y un perfume intenso que la convirtió durante siglos en un producto altamente codiciado.
Según detalla National Geographic, en la Antigüedad la mirra llegó a ser considerada más valiosa que el oro. Su importancia se debía tanto a su uso religioso como a sus propiedades medicinales. Era empleada en rituales sagrados, en la fabricación de perfumes y, especialmente, en prácticas funerarias, donde cumplía un rol clave en el embalsamamiento por su capacidad antibacteriana y conservante.
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Estudios modernos indican que la mirra puede eliminar más del 50% de los microorganismos cuando se quema como incienso, lo que explica su utilización ancestral para purificar ambientes cerrados. Además, se la usaba como antiséptico, antiinflamatorio y cicatrizante. Curanderos y médicos de distintas civilizaciones la aplicaban para detener hemorragias, aliviar afecciones respiratorias y tratar heridas.
Aunque su protagonismo parece haber quedado en el pasado, la mirra sigue presente en la vida cotidiana. Actualmente se utiliza en la industria cosmética y farmacéutica, donde forma parte de perfumes, cremas, lociones, enjuagues bucales, desodorantes y ungüentos. Sus compuestos continúan siendo valorados por sus efectos sobre la piel y su acción higienizante.
En el plano religioso, la mirra posee un significado profundo dentro del cristianismo. Representa la humanidad y la mortalidad de Jesús, en contraste con el oro, que simboliza su realeza, y el incienso, que alude a su divinidad. Su asociación con los rituales funerarios anticipa, según la tradición, el sufrimiento y la muerte que marcarían su destino.
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La ciencia moderna ha confirmado varias de las propiedades que durante siglos se atribuyeron a esta resina. Sin embargo, los especialistas recomiendan un uso responsable y la consulta médica antes de emplearla con fines terapéuticos.
Entre mitología, religión y estudios científicos, la mirra continúa siendo un puente entre el pasado y el presente. A más de dos mil años de haber sido entregada en Belén, conserva su valor como símbolo cultural y como recurso natural con aplicaciones concretas en el mundo contemporáneo.
Fuente y foto: Infobae


