Reino Unido se convierte en el primer país del G7 en cerrar su última central eléctrica alimentada por carbón, un hecho que simboliza un cambio significativo en su política energética. La central de Ratcliffe-on-Soar, inaugurada en 1967, cesará sus operaciones el 30 de septiembre de 2024, un paso crucial hacia el objetivo de descarbonizar completamente su electricidad para 2030 y alcanzar la neutralidad de carbono para 2050.
Este cierre marca el fin de una era en la que el carbón desempeñó un papel central en la economía británica. Durante los años 80, este combustible fósil generaba el 70% de la electricidad del país. Sin embargo, su uso ha disminuido drásticamente, representando solo el 1% de la producción eléctrica el año pasado.
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El gobierno británico ha señalado que este cambio no solo es necesario para combatir el cambio climático, sino que también permitirá la creación de nuevos puestos de trabajo en el sector energético.
Tony Bosworth, de la oenegé ‘Friends of the Earth’, destaca que «el lugar (del carbón) está ahora en los libros de historia». El énfasis se ha trasladado hacia el desarrollo de fuentes de energía renovables, con proyectos como Great British Energy, que se centrará en turbinas eólicas flotantes y energía mareomotriz. Esta transición es aplaudida por grupos ambientalistas como Greenpeace, que ven en el cierre de la central un ejemplo que el resto del mundo debería seguir.
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El futuro de la antigua central eléctrica incluye su desmantelamiento y la creación de un «centro de energía y tecnología libre de carbono». Este cambio no solo representa un avance ambiental, sino que también refleja la evolución de una nación que busca liderar en la adopción de energías limpias y sostenibles en el contexto global.
Fuente: RFI.
Foto: AFP.


