El Gobierno ruso confirmó que “continúan los preparativos” para una cumbre presidencial entre Vladimir Putin y Donald Trump, aunque el líder estadounidense decidiera aplazarla. Desde Moscú, el viceministro de Exteriores, Serguéi Riabkov, afirmó que “no se ha cancelado nada”, y que ambos mandatarios “están acostumbrados a trabajar de forma efectiva”.
El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, agregó que “nadie quiere perder el tiempo” y que la reunión “debe ser productiva”, aunque reconoció que no hay plazos definidos. El encuentro, previsto inicialmente para fines de octubre en Budapest, se pospuso tras nuevos roces entre Washington, Moscú y Kiev.
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Según la Casa Blanca, el aplazamiento responde a la “falta de condiciones adecuadas” en las negociaciones de paz sobre Ucrania. Trump había reclamado a Putin y a Kiev un alto el fuego inmediato, una exigencia que fue rechazada por el canciller ruso Serguéi Lavrov, quien insistió en que “la guerra continúa”.
El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, confirmó que “la fecha sigue en evaluación” y que Hungría “está lista para recibirlos cuando sea el momento”. El país centroeuropeo se perfila como sede neutral, especialmente tras su salida de los estatutos de la Corte Penal Internacional, lo que garantizaría la inmunidad de Putin.
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Esta cumbre se proyectaba como una oportunidad para recomponer el diálogo entre Rusia y Estados Unidos. Sin embargo, el contexto recuerda al fallido Memorando de Budapest de 1994, cuando Moscú prometió respetar la soberanía ucraniana, un compromiso que violó en 2014 con la anexión de Crimea y nuevamente en 2022 con la invasión del este ucraniano.
Fuente: DW.


