Un año después de que se perdiera su rastro, la desaparición de Juana Morales, de 69 años, y Pedro Kreder, de 79, continúa sin una explicación. La pareja salió de Comodoro Rivadavia el 11 de octubre de 2025 con la intención de dirigirse a Camarones, de acuerdo con lo que había comunicado a sus familiares. Desde aquella jornada, no hubo información concluyente que permitiera establecer dónde están ni qué les ocurrió.
La reconstrucción de sus últimos movimientos permitió ubicar uno de los puntos de referencia en Caleta Córdova, donde cámaras de seguridad registraron el paso de la Toyota Hilux en la que viajaban. También se determinó que los celulares de ambos tuvieron su última actividad a las 9.53 de aquel día. Esos datos marcaron las últimas señales conocidas antes de que comenzara una búsqueda que, hasta ahora, no consiguió despejar las principales dudas.
La camioneta volvió a poner el caso en primer plano el 17 de octubre, cuando fue localizada en Playa Visser, en las inmediaciones de Rocas Coloradas. Estaba a unos 60 kilómetros al norte de Comodoro Rivadavia, fuera de las rutas principales y en un sector de difícil acceso. El vehículo había quedado atascado y permanecía cerrado, sin indicios visibles de un episodio violento.
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El contenido de la Hilux aportó nuevos elementos, aunque no permitió reconstruir el recorrido final de sus ocupantes. En el habitáculo había dinero, alimentos y equipamiento para acampar, incluida una carpa y una bolsa de dormir. Los teléfonos de la pareja, en cambio, no fueron encontrados. La combinación de esos elementos dejó abierta la pregunta central: por qué la camioneta quedó allí y qué hicieron Morales y Kreder después de abandonarla, si es que efectivamente lo hicieron.
Entre las explicaciones consideradas durante la investigación surgió la posibilidad de que ambos hubieran intentado continuar a pie para conseguir ayuda tras quedar empantanados. Sus familiares pusieron en duda esa interpretación y sostuvieron que la pareja conocía los caminos de la región y sabía evitar las zonas peligrosas. Sin pruebas que permitan confirmar qué sucedió después del hallazgo del vehículo, ninguna de esas posibilidades logró cerrar el caso.
A doce meses de la desaparición, la búsqueda sigue abierta y las autoridades nacionales mantienen un incentivo económico para obtener información. El Ministerio de Seguridad ofrece una recompensa total de 10 millones de pesos: cinco millones por datos que contribuyan a localizar a Juana y otros cinco millones por información sobre Pedro. Ambos continúan incluidos en el Sistema Federal de Búsqueda de Personas Desaparecidas y Extraviadas (SIFEBU), mientras sus familias esperan una respuesta que permita conocer su destino.


