Foto: El Gráfico/Getty Images (TyC Sports).
Aquel encuentro, recordado por los dos goles icónicos del “10” —la “Mano de Dios” y el “Barrilete Cósmico”—, tuvo una primera vida futbolística en la cancha y una segunda construcción simbólica años después, cuando el propio Diego Armando Maradona reconfiguró su significado.
El partido entre Argentina e Inglaterra en el Mundial de México 1986, disputado el 22 de junio, no se convirtió en leyenda de manera inmediata, sino que fue adquiriendo su dimensión histórica con el paso del tiempo, especialmente a través de la figura de Diego Armando Maradona.
Aquel encuentro, recordado por los dos goles icónicos del “10” —la “Mano de Dios” y el “Barrilete Cósmico”—, tuvo una primera vida futbolística en la cancha y una segunda construcción simbólica años después, cuando el propio Maradona reconfiguró su significado.
En su etapa como capitán de la Selección Argentina, Maradona tenía 25 años y aún atravesaba los años más brillantes de su carrera, que incluyeron el título mundial de 1986, la final de 1990 en Italia y su consagración en el fútbol europeo con el Napoli.
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Con el paso del tiempo, el partido ante Inglaterra dejó de ser solo un hecho deportivo para convertirse en un relato atravesado por el contexto histórico de la Guerra de Malvinas, aunque en aquel momento los protagonistas evitaban cualquier referencia directa a ese conflicto.
En los años posteriores, el propio Maradona comenzó a resignificar aquel encuentro, incorporando una lectura más política y emocional del partido, en paralelo a su construcción como figura global y a su transformación en un ícono cultural.
Así, el duelo de México 86 terminó consolidándose como una de las mayores consagraciones individuales del fútbol mundial, sostenido no solo por lo ocurrido en la cancha, sino también por el relato, la memoria colectiva y la figura de un jugador que convirtió su historia en leyenda.
Fuente: TyC Sports.


