El amanecer del domingo en París trajo consigo uno de los robos más audaces de las últimas décadas. Un grupo de entre tres y cuatro delincuentes ejecutó un golpe milimétricamente planificado en el Museo del Louvre, el más visitado del mundo, sustrayendo joyas históricas de la Corona Francesa. La operación duró apenas siete minutos, pero bastó para dejar en evidencia una falla crítica en la seguridad de uno de los templos del arte más custodiados del planeta.
Según fuentes policiales, los asaltantes aprovecharon unas obras en la fachada que da al río Sena para acceder mediante una grúa o plataforma elevadora al primer piso del edificio. Rompieron una ventana de la Galería de Apolo y, con herramientas de corte de alta precisión, irrumpieron en el recinto donde se exhibían las joyas imperiales. En cuestión de minutos, vaciaron dos vitrinas y desaparecieron sin dejar rastro.
Las piezas robadas pertenecían a la colección de Napoleón y de la emperatriz Eugenia, entre ellas una corona que fue hallada poco después, dañada, en una calle cercana. Las autoridades describieron el botín como de “valor inestimable”, tanto por su relevancia histórica como por su irremplazable valor artístico.
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El golpe generó escenas de pánico entre los visitantes. Aunque no se registraron heridos, varios testigos relataron que escucharon alarmas y corrieron por los pasillos buscando una salida mientras la policía llegaba al lugar. El museo fue evacuado y cerrado por “motivos excepcionales”, según un comunicado oficial del Louvre.
El ministro del Interior francés, Laurent Nuñez, confirmó que los ladrones actuaron con conocimiento previo de la estructura interna del museo y calificó el hecho como “una demostración de planificación profesional”. La fiscalía de París abrió una investigación por “robo en banda organizada” y una motocicleta de alta cilindrada, presuntamente utilizada para la fuga, fue hallada abandonada a pocos kilómetros del lugar.
No es la primera vez que el Louvre sufre un ataque contra su patrimonio. En 1911, la célebre Mona Lisa fue robada por un exempleado y recuperada dos años después en Italia. Décadas más tarde, en 1983, desaparecieron dos piezas de armadura del Renacimiento. Sin embargo, este nuevo robo supera todo lo imaginable por su audacia y por la magnitud del daño simbólico que deja en uno de los íconos culturales de la humanidad.
Fuente: Noticias Argentinas.


