Foto de archivo.
La especialista en violencia escolar, María Rosa Segovia, advirtió que la situación es “alarmante” y remarcó que estos hechos reflejan lo que ocurre a nivel social.
La violencia en el ámbito educativo se consolida como una de las principales preocupaciones sociales en Argentina, especialmente tras el reciente caso ocurrido en Santa Fe, donde un adolescente mató a un compañero. Este tipo de episodios extremos vuelve a poner en agenda una problemática que, lejos de disminuir, evidencia mayor complejidad y frecuencia.
Según datos de UNICEF difundidos en 2025, el 70% de los adolescentes asegura haber sufrido o conocer a alguien que atravesó situaciones de bullying o discriminación. Además, 2 de cada 10 jóvenes reportaron acoso en redes sociales, mientras que solo un tercio habla de estos temas con sus familias, lo que refleja un preocupante nivel de silencio.
En diálogo con ADN Sur, la especialista en violencia escolar y directora de un grupo de investigación sobre prevención de las violencias de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, María Rosa Segovia, advirtió que la situación es “alarmante” y remarcó que estos hechos reflejan lo que ocurre a nivel social. “Es un hecho que nos atraviesa a quienes trabajamos en el tema. Refleja de algún modo lo que está pasando como sociedad”, expresó.
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Uno de los puntos centrales señalados por la experta es la falta de detección temprana. “Alguien no vio, alguien no escuchó y alguien no estuvo atento a los signos”, sostuvo, al tiempo que explicó que muchos casos responden a procesos de invisibilización que se sostienen en el tiempo dentro de las comunidades educativas.
Segovia también destacó que la escuela es un reflejo del contexto social y advirtió sobre la naturalización de la violencia. “Tenemos que preguntarnos si estamos frente a un proceso de violencia social en escalada. Hay una tendencia a naturalizar estas situaciones”, afirmó, y agregó que entre un 20% y un 25% de estudiantes reconocen haber sufrido acoso escolar.
En cuanto a la prevención, subrayó la importancia del rol de las familias y las instituciones. “Es fundamental estar presentes, escuchar y observar los cambios de conducta”, indicó, y remarcó que el trabajo conjunto entre escuela y comunidad es clave para evitar desenlaces trágicos y abordar un problema que afecta a toda la sociedad.


