El informe fue elaborado por el consorcio World Weather Attribution y contó con la participación de la investigadora Natalia Pessacg del IPEEC-CONICET.
Los incendios forestales que afectaron la cordillera de la provincia de Chubut durante el verano de 2026 fueron analizados por un equipo internacional de científicos que concluyó que el cambio climático aumentó significativamente la probabilidad de que ocurrieran las condiciones meteorológicas extremas que alimentaron el fuego. El informe fue elaborado por el consorcio World Weather Attribution y contó con la participación de la investigadora Natalia Pessacg del Instituto Patagónico para el Estudio de los Ecosistemas Continentales (IPEEC-CONICET).
Los incendios arrasaron miles de hectáreas de bosques nativos tanto en la Patagonia argentina como en zonas del centro-sur de Chile, provocando evacuaciones y severos daños ambientales. El estudio analizó no solo las condiciones climáticas sino también factores socioambientales que favorecieron la propagación del fuego en la región.
Según explicó Pessacg, su aporte al trabajo consistió en analizar las condiciones climáticas regionales y revisar investigaciones previas. “Contribuí con un análisis de las condiciones climáticas y meteorológicas en Argentina, la revisión de estudios previos y la discusión sobre indicadores y fenómenos de gran escala relevantes, así como en la definición de los mensajes clave y las conclusiones”, señaló.
MIRÁ TAMBIÉN: Por la Temporada de orcas, preparan mejoras y transmisión en vivo desde Punta Norte
El informe indica que la combinación de altas temperaturas, baja humedad y vientos intensos —lo que se conoce como “clima de incendios”— generó un escenario ideal para la rápida expansión de las llamas. “El ‘clima de incendios’ es una combinación idónea de calor, sequía y fuerte viento. Este clima ofrece la mayor probabilidad de que se inicie un incendio y de que el fuego se propague con rapidez”, explicó la investigadora.
Durante los incendios registrados en enero de 2026 en la cordillera patagónica se registraron temperaturas superiores a los 38 grados y vientos de hasta 50 kilómetros por hora. Además, los meses previos estuvieron marcados por una fuerte sequía: las precipitaciones fueron alrededor de un 20 % inferiores a lo normal, lo que dejó la vegetación especialmente seca y vulnerable al fuego.
El estudio concluye que el cambio climático inducido por la actividad humana aumentó aproximadamente 2,5 veces la probabilidad de que se produzcan eventos como los registrados ese verano. En este contexto, los especialistas advierten que, con el aumento de temperaturas y la reducción de lluvias proyectadas para la región, las condiciones que favorecen los incendios podrían volverse cada vez más frecuentes en la Patagonia.


