Las primeras muestras obtenidas de la cara oculta del satélite muestran que la influencia de la Tierra es mayor de lo que se creía. Científicos detectaron diferencias en el impacto del viento solar sobre ambos hemisferios lunares.
Un nuevo estudio científico reveló que la Tierra ejerce una influencia mucho más importante sobre la Luna de lo que se pensaba hasta ahora. La investigación, publicada en la revista Nature Geoscience, concluye que la magnetosfera terrestre modifica el comportamiento del viento solar antes de que alcance la cara visible del satélite, dejando huellas diferentes en cada uno de sus hemisferios.
El hallazgo fue posible gracias a las primeras muestras de suelo recolectadas en la cara oculta de la Luna por la misión china Chang’e-6. Hasta el momento, los investigadores solo contaban con material proveniente de la cara visible, obtenido durante las misiones Apolo y Chang’e-5, por lo que nunca habían podido realizar una comparación directa entre ambas regiones.
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El análisis de gases nobles presentes en el regolito lunar permitió comprobar que, en la cara oculta, las partículas del viento solar penetran a mayor profundidad. Según los investigadores, esto ocurre porque la magnetosfera de la Tierra actúa como un escudo que reduce la velocidad del viento solar antes de que llegue a la cara visible, mientras que el hemisferio oculto permanece expuesto a un flujo más intenso.
De acuerdo con la Academia China de Ciencias, el viento solar que alcanza la cara visible viaja a una velocidad cercana a los 200 kilómetros por segundo, aproximadamente la mitad de su velocidad habitual. En cambio, la cara oculta recibe partículas con mayor energía, capaces de incrustarse más profundamente en la superficie lunar.
Los científicos consideran que este descubrimiento permitirá comprender mejor la interacción entre el Sol, la Tierra y la Luna a lo largo de millones de años. Además, sostienen que el regolito lunar conserva un valioso registro de esa relación, lo que podría aportar información clave para futuras misiones espaciales y para reconstruir la evolución del entorno espacial que comparten ambos cuerpos.
Con información de WIRED.


