Investigadores del Instituto Max Planck observaron chimpancés en Tanzania y concluyeron que el bipedalismo pudo haber surgido como una adaptación arbórea, más que como respuesta a la vida en la sabana.
Durante décadas, la teoría más aceptada en la evolución humana sostenía que nuestros ancestros se volvieron bípedos al descender de los árboles y adaptarse a la vida en espacios abiertos, como la sabana africana. Sin embargo, un nuevo estudio publicado en la revista Frontiers cuestiona esa idea y sugiere que caminar sobre dos patas habría surgido entre las ramas, y no necesariamente en el suelo.
El trabajo, liderado por la doctora Liana Drummond-Clark, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, se llevó a cabo en el valle de Issa, al oeste de Tanzania. Allí, los científicos observaron durante cinco meses el comportamiento de un grupo de chimpancés que viven en un entorno de sabana con árboles dispersos.
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El hallazgo clave
Los investigadores registraron 301 conductas de búsqueda de alimento en 203 árboles distintos. Descubrieron que los chimpancés pasaban largos períodos en las ramas, moviéndose entre ellas e incluso adoptando posturas colgantes para alcanzar frutos y semillas en las copas. En promedio, dedicaban 20 minutos a alimentarse en cada árbol antes de trasladarse a otro.
Lo más revelador fue que, en árboles grandes con copas en forma de paraguas, los chimpancés se aferraban con sus brazos y adoptaban posturas erguidas para alcanzar comida. Según Clark, estas adaptaciones arbóreas —y no la necesidad de caminar en terreno abierto— habrían jugado un papel central en el origen del bipedalismo humano.
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Una estrategia de supervivencia
El estudio sugiere que los primeros homínidos pudieron haberse adaptado a vivir en un “mosaico” de sabana y bosque, manteniendo la capacidad de trepar y al mismo tiempo desplazarse erguidos. Esta estrategia habría sido clave frente a los cambios climáticos que redujeron la densidad de los bosques millones de años atrás.
Limitaciones y próximos pasos
Los autores reconocen que el trabajo tiene limitaciones: se centró en un solo grupo de chimpancés y solo durante la estación seca. Falta comprobar si el mismo comportamiento se repite en otras poblaciones y épocas del año, así como contrastar los hallazgos con registros fósiles.
Aun así, el estudio abre una nueva perspectiva sobre la evolución humana: el andar erguido no habría sido un rasgo adoptado al bajar al suelo, sino una innovación surgida entre las ramas, en un equilibrio constante entre la vida terrestre y arbórea.
Con información de WIRED.
Foto: Pexels/DINO AFRICA.


