Un quipu de 1498 reveló mechones de cabello que indican que personas de bajo estatus también podían fabricar estos complejos registros, desafiando la idea de que solo las élites manejaban esta “escritura” inca.
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Un hallazgo reciente podría transformar la manera en que entendemos la comunicación y la escritura en el Imperio Inca. Investigadores internacionales analizaron un quipu del año 1498 y descubrieron que su cordón principal estaba compuesto por cabello humano de una sola persona, un detalle sin precedentes que apunta a que la creación de estos registros no estaba limitada a la élite.
El equipo, liderado por Sabine Hyland de la Universidad de St. Andrews, estudió el quipu KH0631 utilizando análisis isotópicos de carbono, nitrógeno y azufre, y determinó que el creador tenía una dieta de bajo estatus social, basada en tubérculos y vegetales, con escasa carne o chicha. Esto contrasta con las costumbres alimentarias de las élites incas, quienes consumían carne y bebidas rituales de maíz regularmente.
Los quipus, compuestos por cuerdas con nudos que registraban tributos, censos y otros datos económicos, podrían haber tenido también funciones narrativas y rituales. Incorporar cabello en el cordón principal era una forma de dejar la “firma” del creador, transmitiendo su identidad y vitalidad al objeto. Este descubrimiento amplía la visión tradicional de los quipus como exclusivos de hombres de alto rango y sugiere que mujeres y personas de clases bajas también participaron en su elaboración.
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El hallazgo se alinea con relatos de Felipe Guamán Poma de Ayala, cronista del siglo XVI, y con estudios recientes sobre quipus modernos fabricados por campesinos y pastores. Según los expertos, esto demuestra que la alfabetización en quipus pudo haber sido mucho más inclusiva de lo que se creía.
Manny Medrano, investigador de la Universidad de Harvard, destacó que aunque el quipu KH0631 es solo un ejemplo, su estudio abre la puerta a analizar cientos de quipus conservados en museos que aún no han sido investigados. “Esto nos acerca a contar la historia de los incas usando fuentes incas, con una perspectiva más plural”, afirma.
Este hallazgo no solo desafía la narrativa tradicional sobre la centralización de la información en la élite, sino que también invita a reconsiderar cómo las sociedades antiguas distribuían el conocimiento y la escritura en contextos aparentemente jerárquicos.
Fuente y foto: DW


