El 29 de julio de 1890, Vincent van Gogh falleció a los 37 años tras dispararse en el abdomen. Su vida estuvo marcada por una lucha constante entre su mente atormentada y su deseo de dejar una huella artística. “Por mi trabajo arriesgué mi vida y en él se ha hundido, a medias, mi razón”, escribió en una carta antes de salir a caminar por el bosque, donde intentó quitarse la vida. Murió dos días después, en brazos de su hermano Theo.
A lo largo de sus últimos años, Van Gogh enfrentó internaciones psiquiátricas, desamores y una gran frustración por no ser reconocido. Sólo vendió una pintura mientras vivía. Su proyecto de crear una casa de artistas fracasó y terminó en una violenta pelea con Paul Gauguin, que terminó con su célebre automutilación: se cortó la oreja y la entregó a una trabajadora sexual. Algunos historiadores aseguran que fue Gauguin quien lo hirió en medio de una discusión, aunque esa versión no cuenta con consenso académico.
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El episodio de la oreja marcó un antes y un después en la vida del artista. Tras un nuevo brote, fue internado en un hospicio en Saint-Rémy. Más adelante, se mudó a Auvers-sur-Oise, donde intentó recomponerse bajo el cuidado del doctor Gachet. Durante ese último tramo de vida, produjo más de 70 pinturas y 50 dibujos. Sin embargo, la sombra de la depresión nunca lo abandonó: se consideraba una carga para su hermano y no toleraba su falta de éxito.
Theo, su gran sostén emocional y financiero, murió apenas seis meses después que él. Su viuda, Johanna Bonger, se encargó de recopilar, conservar y difundir la obra de Vincent, convirtiéndolo en uno de los artistas más influyentes de la historia. Su único cuadro vendido en vida fue «El viñedo rojo», adquirido por la pintora belga Anna Boch.
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Hoy, sus obras se subastan por millones, sus autorretratos son íconos culturales y su figura inspira exhibiciones inmersivas alrededor del mundo. Pero Van Gogh no estuvo para ver su triunfo. Su legado, forjado entre la genialidad y el sufrimiento, sigue tocando fibras profundas más de un siglo después.
Fuente: TN.
Imagen: Fundación Sonría.


