El 16 de junio de 1955, Buenos Aires vivió una de las jornadas más sangrientas de su historia. Un grupo de aviadores navales, con apoyo de sectores de la Fuerza Aérea y grupos civiles, llevó a cabo un golpe destinado a asesinar al presidente Juan Domingo Perón y dar así inicio a una caída en cascada de hechos que marcarían el destino de Argentina en las siguientes generaciones.
Este ataque comenzó cuando más de 30 aviones de la Armada, con una “V” y una cruz en la cola bajo el lema “Cristo Vence”, bombardearon sin piedad la Casa Rosada y la Plaza de Mayo en plena hora pico. Cayeron más de 9.500 kilos de bombas en el lugar, alcanzando tanto edificios como civiles, mujeres y niños, muchos de ellos ajenos al enfrentamiento pero presentes en aquel lugar emblemático.
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El golpe estaba meticulosamente planeado. Primero buscaron dar muerte al presidente Perón, pero el mandatario, avisado de lo que se gestaba, encontró refugio en el Ministerio de Guerra minutos antes del ataque. Aun así, el lugar vivió una carnicería sin precedentes, con centenares de muertos y más de 1.200 heridos en aquel mediodía de fuego y metralla.
Tras el fracaso de derrocar al gobierno ese 16 de junio, muchos de los protagonistas de aquel golpe buscaron refugio en Uruguay. Posteriormente, algunos de ellos participaron en hechos más oscuros de la historia nacional, como el terrorismo de Estado de 1976, cuando el Ejército, junto con sectores de la Armada y la Fuerza Aérea, llevó a la desaparición de 30.000 ciudadanos.
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Este evento, considerado hoy como un crimen de lesa humanidad, revela el grado de violencia con el que sectores de las Fuerzas Armadas y grupos civiles intentaron derrocar a Perón en 1955. La falta de justicia en aquel entonces ayudó a que muchos de ellos regresaran años más tarde como protagonistas de nuevos hechos de violencia institucional en Argentina.
Fuente: Infobae.


