Hace 40 años, el Juicio a las Juntas Militares alcanzaba su clímax con las palabras de Julio César Strassera: “Nunca más”. Tras cinco meses de audiencias, el alegato final de la fiscalía se convirtió en uno de los momentos más emotivos de la historia judicial argentina. Las tribunas estallaron en aplausos, gritos y llantos mientras los acusados abandonaban la sala, sorprendidos por la intensidad de la reacción popular.
El cierre de Strassera estuvo acompañado por un gesto que quedaría grabado para siempre: un abrazo con su adjunto Luis Moreno Ocampo. Fue un acto de alivio y camaradería más que de celebración, reflejando la presión, las amenazas y la incertidumbre que atravesaron durante el juicio. La escena fue captada por fotógrafos y reproducida en medios nacionales e internacionales, simbolizando la fortaleza de la fiscalía frente a la dictadura.
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Los militares juzgados reaccionaron de manera diferente: Videla se mostró desafiante, Viola insultó a quienes celebraban y Massera siguió de cerca la cobertura mediática de sus estrategias de defensa. La imagen de los acusados contrastaba con la solemnidad y emoción de los fiscales y el público, subrayando la distancia entre los victimarios y la sociedad que buscaba justicia.
El alegato duró siete días y consolidó un cambio en la percepción social: antes del juicio, menos del 20% de los argentinos apoyaba la iniciativa, pero una semana después, el 83% respaldaba el proceso y pedía duras condenas. La intervención de Strassera y Moreno Ocampo no solo presentó evidencia y argumentación técnica, sino que también ofreció una lección histórica sobre la defensa de los derechos humanos y el rol del Estado frente a la impunidad.
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Hoy, cuatro décadas después, el “Nunca más” sigue vigente como símbolo de memoria, justicia y compromiso cívico. El episodio demuestra cómo la valentía individual y colectiva puede marcar un antes y un después en la historia, dejando una enseñanza perdurable sobre la importancia de enfrentar la injusticia con coraje y dignidad.
Fuente: TN.


